Pensamientos Sueltos

CAMBIO DE ESTRATEGIA


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Foto perteneciente a shunyatamanoloab.wordpress.com

                      Estrategia: “Serie de acciones muy meditadas, encaminadas hacia un fin determinado.”

                       Otra: “Técnica y conjunto de actividades destinadas a conseguir un objetivo”.

De una u otra manera viene a querer decir lo mismo.

Si lo que has hecho hasta ahora te ha traído hasta este lugar y no estas conforme, entonces no pretendas obtener diferentes resultados si no cambias el modo de hacer las cosas.

Esto lo escuche y leí mil veces con estas o diferentes palabras. Quizá sea una de las máximas mas importantes del mundo de los negocios. Aunque a mi me parece que se puede aplicar a cualquier índole en lo que a la vida personal atañe.

Después de 5 décadas vividas creo que puedo decir que algo he aprendido. No mucho la verdad. Aunque según dicen los que saben, la vida es un constante aprendizaje.  Y es verdad.

Hay que tener la mente abierta y permitirse unos cuantos errores.  Solo así aprendemos la lección. Yo creo que he aprendido más de  lo que no hay que hacer que de lo que si. Igual los “que no hay que hacer” son más que los “que si”.  La vida es un constante ensayo de prueba y error y hay que saber aprovechar los errores porque ademas son necesarios.

A la temprana edad de 51 años, que son los primeros, he  tomado una determinación.  He decidido modificar mi hacer.

Entendí que ir detrás del  dinero me restaba  tiempo y de que me sirve  el dinero sin tiempo para gastarlo. Así que para que…?

Me pase diez años pluriempleado  y lo cierto es que  no obtuve gratificación alguna.

Aprendi también que no necesariamente más es mejor. Y por el contrario, muchas veces, menos es más.

Pensé que si le ponía mas horas al trabajo obtendría mas beneficios. Mmeeeeckkk. Error. Se es mas productivo si se optimiza el tiempo. Y el descanso es mas que importante. Por otra parte pasar mas tiempo fuera de casa implica mas gastos: comidas, ropas, parking, transportes, etc, etc, etc. Menos actividad, mas ahorro.

Me he propuesto disfrutar de mis días sin las prisas.

Sin los sofocos.

Sin las desesperaciones.

He optado por vivir cada minuto y no sufrirlo.

Adopte la postura del sabio que evalúa cada situación antes de realizar un movimiento que quizá resulte en vano o equívoco si se toma a la ligera.

Priorizaré la calidad de mis palabras por sobre la cantidad y su vaguedad. 

Tomaré mas sol y respiraré mas aire puro.

Pasaré mas noches mirando a la luna bajo su baño de luz y disfrutando de la calma.

Caminaré una hora cada día, o más.

Vestiré mas bermudas y camisetas.

Beberé más vino y leeré más.

Es probable que también escriba más, así que a aguantarme.

Ya sé que suena muy Zen pero una vida cometiendo errores tiene que haber servido de algo no?

Carlos Bowen Saiz

Gracias por leerme.

Tus comentarios son muy útiles. Deja tu opinión o abre un debate. Es legal.

Venga  nos vemos en la próxima.

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Un lomito por favor


Hace calor. Mucho calor. Treinta grados para este junio en Barcelona es mucho calor.Salgo a la calle porque no hay más remedio. Si pudiera elegir ni lo pienso. La boca del metro engulle gente sin piedad y te recibe con ese aliento caliente que te tira mas hacia abajo, si cabe.

Los dos minutos que demora en venir el siguiente metro se hacen horas. Por fin llega.


El aire acondicionado es una caricia. En cada estación sube gente con la misma cara de agobio. El viaje termina. No se por que hoy son mas cortos los viajes. No me quiero bajar. Pero hay que salir a la calle.

Barcelona está desierta. O por lo menos la parte de la ciudad en la que me estoy moviendo. La zona de Maragall está desierta. Supongo que la Barcelona turística estará a reventar. Pero aquí ni un alma. Con los pocos que me cruzo es lo mismo. Una fugaz mirada y en esa mirada la misma expresión. Me muero de calor. ¡Ay! si pudiera me quedaba en casa. Con el mismo calor pero sin ropa. Esta ropa de mierda que se me pega al cuerpo. Con lo bien que se estaría en la playa.

Voy a comer. Por lo menos el aire acondicionado del restaurante me dará una tregua. Entro y el golpe de frío me da vida. Se acerca la camarera para ver que quiero comer. La verdad es que nada. Solo quería el fresco del aire acondicionado. Pero tengo que comer. Primero una cerveza. Bien fría. Tan fría que no sabes qué estás tomando. Pero no importa. Quiero una cerveza fría. Miro la carta por compromiso. No quiero nada. Pero tengo que comer. De pronto algo en la carta llama mi atención. Nada especial. Pero llama mi atención. Leo bien y un sentido toma el control de mi cabeza. El sentido de la nostalgia. ¿ Ah, que no existe? ¿Están seguros? Pues a mí me parece que sí. Fue leer en la carta “Lomito Completo” y trasladarme a otra época. Una muy lejana. Tres décadas y media mínimo. Adolescencia. Primeras salidas nocturnas por la ciudad natal con los chicos. Los amigos. La banda. Los entrañables. Mil lugares para ir a comer pero siempre es el mismo lugar. Y siempre será el mismo lugar. Para mí el único. Discusiones, cargadas, peleas, fraternidad, eso está en mi mente y todo en ese lugar. Solo veo eso, solo huelo eso, solo vivo eso. Como si mi viva realidad fuera esa y no la actual. Las primeras jarras inmensas de cerveza que tomábamos y los platos gigantes de maní con cascara que el camarero sacaba muy hábilmente de un barril inmenso Y después? Después un lomito. Ese lomito que mil veces quisimos hacer en casa pero jamás nos pudo salir igual. No se. ¿Sería la grasa acumulada en la plancha? También recuerdo que si no era un lomito bien podía ser un pancho. Con la mostaza más inigualable nunca encontrada en otro sitio.

Estoy viviendo esos recuerdos y tengo presentes los olores y los sabores que nunca volví a encontrar. Otro olor que me viene a la mente es el de la pizza sobre un trozo de papel a modo de servilleta. No una servilleta de tisú, no. Un pedazo de papel de envolver cortado en trozos cuadrados y acomodados dentro de un vaso sobre la mesa de la pizzería.

Mi mente navega por un océano de recuerdos. Recuerdos que inundan mi ser de sonidos, olores y gustos. También personas y personajes. Había a un mozo. Un señor mayor, a nuestros ojos. Muy cascarrabias. A quien quizá nuestra irrespetuosa e imberbe juventud le molestaba o quizá le doliese. Era todo protesta, toda queja. Venia a por el pedido y se iba mascullando algo, como rumiando desgracia. Obviamente se convertía en el centro de nuestra rotura de bolas. Pedirle mil cosas pero por separado para escucharlo refunfuñar una y mil veces. Reclamarle cien veces lo que se había olvidado. En fin. Pendejadas.

Las noches veraniegas nos encontraban buscando un respiro en las mesas de la vereda sobre un piso tapizado de cascaras de maní hablando de mil boludeces. Arreglando el mundo o dirigiendo a la selección. Para la política no nos daba. Estudiábamos en el industrial. Eramos más de fierros, tuerca, cables y esas cosas.

En eso estaba cuando se acerco la camarera y me dijo: ¿ya sabe el señor que va a comer?

La miré y le dije: “un lomito”. Que otra cosa iba a comer.

Carlos Bowen Saiz

Pensamientos Sueltos

Mal educados


¿Cómo se educa a un mal educado?

¿Cómo se hace para que un irrespetuoso respete?

De un tiempo a esta parte vengo observando (soy un gran observador sépanlo) ciertos cambios en la conducta urbana. O mejor dicho del humano urbano. Éstas, lejos de ir a mejor van empeorando.

La falta de respeto y la mala educación están a la orden del día.

Hace no mucho, unos siete u ocho años atrás, era normal que se respeten  normas tan importantes como la de transito por ejemplo. Los peatones en el paso de cebra y los coches en la calzada. Muñequito de semáforo en verde cruzo,  muñequito de semáforo en rojo no cruzo.

Hoy por hoy es como que cada cual va a su bola y poco importa el otro y sus derechos. Como que lo normal es lo que hacen todos y no lo que corresponde. En una ciudad como Barcelona eso se vuelve hasta peligroso.

Pero hay otras situaciones que ponen de manifiesto la mala educación y la falta de respeto de la gente. Una en particular me atañe personalmente o mejor dicho: profesionalmente.

Hay una práctica entre la gente del lugar y foráneos también. En mi carácter de “gestionador” de un establecimiento gastronómico, un restaurante de toda la vida, me toca sufrir esta particular práctica. Los muy mal educados llaman para reservar mesa y luego no se presentan y peor aún, ni siquiera avisan. Esto, en un restaurante de gran capacidad se diluye en el volumen. En el caso de los restaurantes pequeños, tal es nuestro caso, donde la capacidad no supera los 25 cubiertos hace mucho daño.

Parece ser que la gente se dedica a reservar en dos tres lugares para garantizarse diferentes opciones y después decide. Hasta ahí no está muy mal que digamos. Pero si no avisan para cancelar las localizaciones que no usarán están provocando un cierto perjuicio al susodicho restaurante.

Y todo por qué?  Por mal educados.  Porque no me importa lo que le ocurra al otro siempre y cuando no me haga daño a mí. Total yo tengo mi reserva asegurada.

Los grandes, los de estrellitas de la marca de neumáticos, lo solventan cobrando una parte por adelantado. Una especie de paga y señal. Pueden hacerlo total tienen asegurados los servicios de aquí a 6 meses vista. A mí me resulta muy violento cobrar por adelantado. Pero supongo que si tomas una reserva con 6 meses de antelación (lo cual me parece tan violento como lo otro) perdiendo absolutamente la dignidad, te dará igual que te cobren por adelantado.

Digo lo de perder la dignidad porque creo fervientemente en que un establecimiento que presta un servicio tiene que estar  al  servicio del cliente y no al revés.  Yo debo poder elegir el día y la hora en que voy a comer a un restaurante y no al revés. Yo tengo que elegir dónde comer cuando tengo ganas de comer. Que se yo que será de mi vida dentro de seis meses.

Eso los “grandes”,  los de las estrellas o los soles. Pero los demás, los que no salimos en las teles ni en las noticias de las revistas del rubro. Los que dependemos de ocupar cada resquicio de nuestros salones. Los que necesitamos imperiosamente aprovechar al máximo cada centímetro de nuestros restaurantes  no podemos, bajo ningún punto de vista, estar a merced de los mal educados.

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Fin de año…otra vez.


Recuerdo años atrás que para estas fechas y mucho antes quizá, comenzaba un ritual que, por viejo o remanido que fuera, se repetía año tras año. Todo el mundo al acercarse el fin de cada año comenzaba con el empeño que su situación particular así lo exigía (o debo decir permitía?) a realizar un examen de lo efectuado a lo largo del año que se extinguía. Salian a relucir las asignaturas pendientes. Los logros. Las noticias del año. Los personajes del año. Y una larga lista de etcéteras y etcéteras.
Los mas organizados, los que habían confeccionado una lista de propósitos, cotejaban cuantas tildes tenían detrás de cada uno de ellos y cuantos quedaban sin tildar pendientes para el año siguiente.
También salían a relucir en alguna mesa de café y entre caras apesadumbradas la lista de aquellos que nos habían abandonado o de los que la parka se había llevado.
Se hacia el recuento de los niños que habían nacido tanto en el entorno familiar como el laboral o el circulo que uno quisiese analizar.
En fin todos los años el mismo ritual.
Desde hace algunos a esta parte, la cosa es como que ha cambiado. El 2013 se va y nadie esta haciendo recuentos. Nadie saca del cajón la lista de logros y pendientes.
Será que nos hemos pasado el año subsistiendo y no nos ha quedado margen para ningún cometido màs?
Resulta que quizá el esfuerzo de vivir día tras día nos agoto la ilusión y no hemos podido pensar en crecer?
A los que se nos ha pasado el año así como en un abrir y cerrar de ojos nos queda ese regustillo en la boca. El ver que se ha pasado un año entero y no encontrar que hemos hecho porque nos lo hemos pasado el año intentando mantenernos de pie. Buscamos nuestra lista de intenciones para el año 2013 y la vemos toda sin tildar y lo que es peor, no tenemos nada que poner en la del 2014 mas que lo que no hicimos en el 2013.
Hacemos nuestra propia retrospección y vemos que a nivel general hemos dedicado nuestro año en esquivar problemas, en apagar micro incendios para que no lleguen a incendios declarados y poca cosa mas.
A nivel politico y social mas de lo mismo. Podemos enumerar los muertos, las bodas y los nacimientos de algún que otro miembro de la realeza europea. Después nos queda hacer la lista de los bancos fusionados y de los desahucios. Junto a estos últimos también cabe la lista de los suicidios a causa de los deshaucios.
Las operaciones del Rey tampoco habrá que excluirlas.
Y no queda mucho más porque la lista de chorros, de corruptos, de aberraciones legales y otras tantas cositas sueltas sería mucho para nuestro achicharrado intelecto.
¿Cuando volveremos a tener esperanza en el día que viene y verlo como una oportunidad que nos da la vida para seguir creciendo y construyendo futuro y no solo unas horas mas para sobrevivir llenándonos de frustración y listas de pendientes?
Vamos. Arriba el espíritu. A cambiar la postura y como decía un amigo a tirar para adelante que para atrás se sale.
Guarango si, pero una verdad grande como un pino.
Y que el 2014 nos pille llenos de ganas de más.

Salud y buenaventura para todos.

Pensamientos Sueltos

Si, digameeee…


Luego de mucho tiempo me dieron ganas escribir. Bueno no de escribir. Ganas de contar algo. Sí, eso esta mejor. Ganas de contar algo. Y como la forma mas tradicional de contar cosas es escribiendo pues entonces sí, me dieron ganas de escribir. Bueno yo me entiendo.
El tema es que, como suele ocurrir, la calle da permanentemente material de asombro. Y muchas cosas que ocurren dan material para discutir eternamente.
El tema que me ocupa en este momento es la mendicidad.
De un tiempo a esta parte, quizá crisis mediante, ha proliferado un enjambre de personas que piden en diferentes sitios de Bracelona.
Munidos del imprescindible vasito descartable (puede ser plástico o de papel encerado da igual) deambulan por vagones de metro o esquinas transitadas de la ciudad.
En la línea dos del metro (es la que suelo tomar) se suceden uno tras otro manifestándose a viva voz o bien exhibiendo partes de sus cuerpos lacerados o bien ausencias de extremidades. Cuentan una historia que bien puede ser cierta pero que a su vez deja terriblemente abierta la puerta al descredito.
De la gente que pide los hay ancianos, los hay jóvenes, los hay hombres y mujeres. La gran mayoría son personas de otros países dada su forma de armar las frases equivocando los artículos y las conjugaciones. Están los que, bien vestidos y limpios y mostrando un enrojecimiento delator sobre sus pálidas pieles, se sientan con un cartón escrito con un resaltador prestado y en su propio idioma y cuentan que se han quedado sin dinero y quieren regresar a casa. Lo que no ponen en el cartón, seguramente porque resultaría muy largo de escribir si es que lo pudieran recordar, es que se han pillado una buena taja y han perdido hasta los calzones o se los han sustraido. Están los que, viendo los harapos con que visten y las trazas que portan, ademas de los dos o tres perros que los acompañan dejan ver que no es muy común que frecuenten baños, lavabos o aseos, según prefiera el lector. Es común verlos deambular revisando los teléfonos públicos a la espera de encontrar la moneda olvidada o los cestos de basura. Eso sí, siempre con su tabaco entre los labios o su lata de cerveza en la mano. La mayoría son jóvenes y claro está, no se los ve muy finos de la cabeza. En realidad cada vez somos más los que no vamos muy finos, pero seguramente es por culpa de alguna otra patología.
Debo ser honesto con quien lea esto y advertirle que particularmente soy escéptico y por naturaleza no acostumbro dar nada por el temor a la tomadura de pelo. Me pregunto una y mil veces por qué en lugar de estar sentado en el suelo de una esquina o deambulando por los metros perdiendo el tiempo pidiendo, no utilizan ese valiosísimo tiempo para trabajar. Digo sería más digno, creo. No sé.
Ya sé que la crisis y el paro y la madre que lo parió, pero cosas para hacer aunque más no sea por el bocadillo del día, hay. No sé, barrer una vereda, hacer recados, ayudar con la compra a algún vecino, pintar un muro, en fin mil cosas.
Pero bueno la cosa está como está.
Yo insistiré hasta el cansancio que si en verdad, las razones aducidas por esta gente para justificar su práctica fueran ciertas, hay instituciones de índole social que deberían hacerse caso de esta gente y su situación y la de los suyos (invocados en su perorata con pretensión de llegar al corazón de los transeúntes o usuarios del medio de transporte que toque).
Cada cual decide por su forma de subsistencia y hasta me parece legal.
Me parece legal siempre y cuando esto no sea parte de una burda mentira.
En otra entrada de este blog mencioné el caso de la mujer sentada en una esquina muy concurrida de la ciudad que mostraba una aparente ausencia de un brazo. El cual no solo estaba escondido debajo de su ropa sino que cambiaba por el otro cuando se canzaba de la misma posición.
Sabido es, o por lo menos muy comentado, el hecho de que entre los Rumanos existe el alquiler de niños o bebés para uso de la lástima. Puede verse a una mujer pidiendo en la puerta de algún restaurante de comida rápida día tras día pero con bebé o niño diferente. Debe ser que si llegan tarde al reparto de niño no consiguen a los bebés y deberán conformarse con uno de dos o tres años. No dan la misma pena pero es mejor que nada.
En fin, yo sigo manifestando mi incredulidad.
El caso es que como de costumbre, las ramblas de Barcelona resultan un bióma con su propio micro clima. Una zona especial donde todo lo que puede pasar (sobre todo si es extraño) pasa allí.
Hay un grupo de mujeres (creo que son rumanas) que munidas de su infaltable vasito se lo pasan yendo y viniendo acercándose a los turistas haciendo con su mano libre el ademán de llevarse algo a la boca queriendo expresar que piden para comer. Llegan siempre a la misma hora y en grupo. Se dispersan. Cada una toma la zona asignada y empieza el show.
Insisto: yo no me creo nada y menos después de ver que la mujer que pide cada día para comer haga esto.

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Simbolos


Recientemente tuve la oportunidad de acompañar a un familiar a una visita por el estadio del Barcelona Futbol Club. Realmente es impresionante la visita. Luego de  recorrer  el museo se accede a una porción de la grada a la altura de la primera bandeja. A continuación se visita la sala de prensa y un vestuario y tras esto, se llega al llamado túnel por donde se accede al campo, todo muy bien ambientado con el sonido similar al que escucharían los jugadores justo antes de saltar al campo. En este punto se puede ver ahí nomás, al alcance de la mano, los banquillos y las plateas vip. Los sillines de la prensa de campo y de los auxiliares. Después de no poco sufrimiento infringido por una inacabable escalera,  se accede a las cabinas de transmisión que están literalmente colgadas sobre la tribuna desde donde se tiene una visión  inimaginable de la totalidad del campo. Es ahí donde uno se siente un poco disminuido frente a semejante situación. Un estadio de futbol para ciento veinte mil personas no es poca cosa. Un lugar en donde se puede ver lo insignificante de la especie humana que, paradójicamente, es capaz de construir semejante obra, símbolo inequívoco de magnificencia.

Pero en realidad es el museo donde personalmente me sentí más impactado. Además de ver como se conjuga magníficamente modernidad tecnológica con objetos del pasado (las innumerables pantallas interactivas así lo confirman), el hecho de ver objetos que debidamente identificados simbolizan ese pasado realmente llega a calar hondo.

Automáticamente me puse a pensar que estaba viendo objetos que tenían que ver con momentos circunstanciales que marcaron un punto determinado de una historia. Digo, estaba viendo por ejemplo las botas que uso fulanito de tal el día que el BARÇA le gano 5-0 a tal equipo en tal estadio. Y eso no es tontería. Independientemente de si eres aficionado a uno u otro equipo, y el resultado te hubiese resultado a fin o no, eso es parte de la historia y ya no solamente contada o genialmente relatada o inclusive documentada grafica o virtualmente. No. Es un objeto tangible, físicamente comprobable. Estas viendo un objeto que formó parte de la historia de ese partido y está ahí. Que si no fuese por la cubierta de cristal que lo protege, hasta se podría tocar para hacer más verídico el asunto.

Y esto de los símbolos, además de servir como prueba cabal de la existencia de una historia, tiene que ver  fundamentalmente con los sentimientos. Quien sea aficionado al Barça, al ver esas botas, recordará con sentimiento ese momento histórico. Seguramente se le hará un nudo en la garganta al verse invadido por una emoción incontenible. Seguramente también recordará ese partido, lo que llegó a sufrir o a disfrutar. Ese recuerdo ira asociado con sentimientos y que en realidad no tiene que ver con el valor del objeto que  se está contemplando.

He vivido algo similar días atrás con un objeto de escaso valor comercial o monetario pero si cargadísimo del otro.

Resulta ser que uno de mis bisabuelos, el español, el de Castilla la vieja, el que menciono en otra entrada de este blog, es obviamente parte de mi historia. Él abandonó su Cudón natal, Miengo,  en lo que hoy es Cantabria cuando apenas tenía 20 años. Marchó hacia Argentina junto a un hermano al cual dejo de ver vaya uno a saber por qué.  Se instaló en el campo y después en un pueblito de la provincia de Buenos Aires a la vera de la ruta 6. Hasta ahí, hasta Cañuelas, nos íbamos de visita desde la ciudad de La Plata, distante a unos 80 kilómetros  metro arriba metro abajo. Recuerdo que de niño me parecía una travesía que rozaba con lo eterno. Los autobuses tardaban casi 2 horas por un trayecto que hoy se hace en 45 minutos más o menos.

El abuelo Manuel, que así se llamaba, Manuel Saiz Balbontín para ser más exactos, vivió hasta el fin de sus días en una Cañuelas ya vieja y obsoleta hace 45 años atrás. Ocupó un lugar importante dentro de la sociedad cañuelense: fue presidente de la Sociedad Rural de Cañuelas con todo lo que ello significa. O significaba en su momento.

Tuvo 12 hijos y no sé cuantos nietos y mucho menos sé cuántos bisnietos. Pero si sé que yo era uno de esos bisnietos. Tampoco sé si fui el primero. Sé que fui el primer hijo de mis padres (y a los postres el único), el primer sobrino de mis tíos, el primer nieto de mis abuelos pero no sé si fui el primer bisnieto del abuelo Manuel. Tampoco sé porque nunca he visto fotos del abuelo Manuel excepto una. En ella aparece el abuelo en todo su esplendor. Tendría unos 75 años supongo. Era gigante (o por lo menos así lo veía yo). Estaba sentado en un gran sillón de mimbre en el jardín. Yo estaba sentado en su rodilla derecha. Tendría un año y medio o más pero sin llegar a los dos años. Yo recuerdo al abuelo caminando trabajosamente entre los canteros de sus plantas apoyándose en un bastón. Un simple bastón de caña con la parte superior curvada a modo de empuñadura y en la otra punta un tetón de goma. No tenía ningún abalorio ni la empuñadura era de marfil ni mucho menos. Solo era un pedazo de caña doblada en una punta. Simple. Sencillo. No era ostentoso ni grandilocuente y obviamente no era nada costoso. Era solo un bastón de caña.

En la foto en cuestión yo, sentado en su pierna izquierda, sostengo ese bastón. Lo  tengo agarrado con una de mis manitos como si fuera un trofeo. Quizá sin ser consciente de lo que era. No sé si yo lo agarre o él me lo dio para que lo tuviese. Pero ahí estábamos el abuelo Manuel, su sencillo y simple bastón de caña y yo. Un pequeñajo de solo un año y medio en una foto que es la única que vi del abuelo Manuel.

Esa foto sirvió, después, para enriquecer distintos álbumes familiares. Cuando algún tío cumplía años y le hacían como homenaje un libro con fotos recopiladas a lo largo de su vida, invariablemente la primera foto era esa del abuelo, su bastón y su bisnieto. Y al próximo tío lo mismo. Yo mismo tenía, hasta que me mude de casa, un muro al que llamamos “el muro de la vida” en donde colocamos portarretratos de nuestros comienzos como familia. Las fotos de los abuelos de Laura (mi esposa), la de la mía estaban presidiendo obviamente el muro. Y también estaba la foto del abuelo, su bastón y el bisnieto.

(1966) Don Manuel Saiz Balbontin, su bastón y su bisnieto, Carlos Omar Bowen Saiz

A la muerte del abuelo se repartieron sus bienes, claro está, y una de sus hijas obsequió a uno de mis tíos (nieto del bisabuelo Manuel) aquel famoso bastón. En realidad creo yo que sin darle el valor sentimental que dicho elemento se merecía.

En mi último viaje a Argentina y en una conversación surgida de la nostalgia se mencionó aquel adminiculo que fuera de tanta ayuda para el abuelo en su momento. Entonces aproveche para reclamarlo por sentirme heredero natural de él. No porque fuera el primero en la línea sucesoria sino porque consideraba que era parte de mi historia. Estaba reflejada en un documento de dominio público. Toda la familia tiene una foto del abuelo, su bastón y su bisnieto. Me parecía lógico que ese sencillo bastón en algún momento de la historia actual o futura se reuniera conmigo que soy la otra parte de la trilogía de esa foto. La conversación se diluyo convenientemente en chistes y bromas relacionadas con edades y herederos.

Estas navidades, las del 2010, este tío y mi madre viajaron hasta Barcelona para pasar las fiestas con nosotros. No fue sorpresa para mí porque, la verdad, me lo esperaba. Podría mentir que fue una sorpresa, que no se me hubiese ocurrido nunca, que ni se me paso por la cabeza…  pero no. En el fondo sabía que ese bastón estaba viajando hacia Barcelona para reunirse conmigo. La verdad me hubiese desilusionado si no hubiese sido así. Mi tío, el nieto del abuelo Manuel me traía desde Argentina aquel simple y sencillo bastón de caña doblado en un extremo y con un tapón de goma en la otra punta.

No tiene valor como antigüedad, no tiene valor económico, no tiene incrustaciones de marfil ni empuñadura de plata.

Solo es un símbolo, un bastón simple y sencillo de caña pero es parte de mi historia.

Aquel bastón de la vieja foto en blanco y negro donde se ve al bisabuelo, su bastón y su bisnieto, ahora, está aquí conmigo.

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Mendicidad Solidaria


Hoy fui testigo de una situación por lo menos curiosa.

Además, lo que me preocupa es no sé de qué manera interpretarlo.

Resulta que hoy tomo el metro en la ciudad de Badalona donde vivo para dirigirme a Barcelona. Una estación después sube una mujer con una niñita en brazos. La mujer, joven, no tendría más de 30 años sería de origen rumano o algo así. Lo intuí por los dientes de oro y las ropas que tenían todos los colores del pantone de photoshop. De aspecto pulcro y limpio, su bebe también mostraba las mismas señales. Fueron durante el viaje jugando y riendo.

En determinado momento sube al metro una anciana habitué al mismo. Le falta un brazo y pasea su cicatriz en invierno o en verano a modo de bandera o justificativo mientras pide limosna.

La joven tomo su monedero y dejo caer en el vasito de la mendiga unas monedas. Su acto fue repetido por otro pasajero. Acto seguido la mujer siguió su camino de súplica por el resto del tren. Los demás seguimos en nuestras cosas. Yo revisando mis mails en mi móvil, mis vecinos con sus charlas y el muchacho de enfrente con su lectura del diario gratuito que puedes tomar en cada estación.

Me baje del metro sin volver a pensar en el episodio inmerso en mis pensamientos o en como se llame eso que hago. Estoy haciendo trámites que intercalo con actividades laborales y sociales y entonces la cabeza va a mil tratando de acomodar las ideas cada una en la bandeja correspondiente tratando de que no se mezclen.

Al cabo de unas 4 horas y después de haber subido y bajado de tres líneas de metro diferentes, después de haber ido de un lado al otro de Barcelona me encuentro caminando por la rambla de Catalunya rumbo a la Gran Vía de les Corts. Llamó mi atención una niñita de muy escasa edad que corría por la acera. Era la niñita de la joven del metro. Mi sorpresa fue muy grande cuando diviso veinte metros más adelante a la joven sentada en el suelo con expresión lastimera y pidiendo limosna con un platito.

La misma joven que había puesto monedas en el vaso de una mendiga se encontraba ella misma mendigando en la calle.

A estas alturas, vuelvo a insistir, no sé cómo entender esto. Por un lado me siento estafado (a pesar del hecho que no suelo dar limosnas). No es la primera vez que me encuentro con situaciones de “fraude mendiguista”. Me da mucha bronca que la gente se aproveche de la buena y samaritana acción de algunos convirtiéndolos en meras víctimas de su propia inocencia. Eso motiva que yo no de limosna a nadie. Quizá me resulte más satisfactorio darle una par de monedas a algún artista callejero que hubiera dado muestras de claras capacidades artísticas y no dárselas a alguien que falsea una situación para conseguir hacerse con dinero de manera fácil utilizando métodos basados en la mentira.

Caminando por Barcelona se encuentra uno con muchos de estos “amigos de pedir” escondiendo un brazo debajo de la ropa para simular la falta del miembro. Claro que como esta postura a veces cansa, es necesario cada cierto tiempo cambiar de brazo. Y ver eso a mí me subleva.

Pero creo que esto vas más allá de una actitud de listillo para engañar a transeúntes ya sean guiris o autóctonos. Esto tiene otras implicancias. Esto conlleva un problema de difícil solución porque tiene raíces culturales a la vez que sociales. Este tipo de actitudes son culturales. Son parte de una industria que, organizada, genera por lo menos dos cosas: la primera una especie de castigo a todos los que practican la mendicidad. Es triste ver como enfermos de lepra exhiben sus heridas en las proximidades de la catedral de Barcelona o gente sin manos o piernas depositados en Las Ramblas sosteniendo un vasito con la boca uno o en el suelo el otro apoyado sobre sus muñones. Yo digo, no puedo entender que la seguridad social no se encargue de esta gente. Alguna cuestión debe haber como trasfondo para que esto no ocurra. ¿Será quizá que el sistema de asistencia se encuentre en situación de saturación por tanta cantidad de “vivos” que abusan de él? ¿Tal vez será que  el rédito político de realizar una campaña de “limpieza de mendigos” en la ciudad ubicándolos en sitios donde se ocupen de cuidarlos  no resulta atractivo?

Éstas y mil preguntas, las cuales no tienen repuesta aparente, generan la siempre vigente duda sobre el deber y la obligación del estado sobre los ciudadanos de una ciudad, un país, una comunidad autónoma o una región como la Unión Europea y la forma de interpretar esos deberes y obligaciones.

Yo por lo pronto sigo asombrándome por situaciones como esta que aquí he relatado sabiendo que  aún me asombrarán otras tantas …

…Que inocente soy.

Pensamientos Sueltos

Se murió Néstor Kirchner… ¿y ahora qué?


Ayer a eso de las 3 de la tarde, hora española, comenzó a sonar en cuanto medio uno tuviera a mano la noticia de la muerte de Néstor Kirchner. Cuando una figura pública muere, el golpe de la noticia parecería que es más fuerte. Nos pasó hace poco con la desubicada muerte de Romina Yan, llegada fuera de lugar por tristemente anticipada. Y no es que Romina Yan fuera especial ni importante, en todo caso, ni más ni menos que cualquier persona de su edad que se muere así, fuera de tiempo aparentemente. No la hace especial el detalle de haber dejado huérfanos de madre a tres chiquitos donde el mayor tenía 6 años. Cuantas chicas de su edad mueren dejando niños pequeños sin madres o lo que es peor. ¿Cuántos niños de menos de 6 años se mueren por diversos y mezquinos motivos en el mundo?  El hecho es que como era una  figura pública toma una mayor connotación.

Ayer murió Néstor Kirchner. Ex presidente de la República Argentina, esposo de la Señora Presidente. Actual Diputado Nacional y actual presidente de UNASUR.

A priori aparecen en todas las redes sociales expresiones de diversas índoles. Algunas me permitiré citar aquí : “Se murió un estadista”, “un sorete menos”, “Se nos fue un caudillo”, Una mierda menos, ¿Quién sigue en la lista?” “ Murió el hombre que creaba poder”, etc, etc,etc …

Yo, que no soy un entendido en el tema de la política, trato de analizar un poco la situación que a partir de aquí y con la muerte de Kirchner se crea en la Argentina pero que además puede afectar a Latinoamérica toda. Yo me pregunto: ¿y ahora qué? ¿Qué pasará de ahora en más en Argentina?,  ¿Cuál va a ser la reacción de la señora Presidenta?

Tópico o no, se decía en diversos ámbitos, que detrás de Cristina Kirchner estaba él, en cada decisión, en cada estrategia. Yo me pregunto también: ¿Que hacía Néstor Kirchner en el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner? ¿Era el titiritero ideólogo que movía los hilos de un muñeco que solo ejecutaba ideas y órdenes? , ¿Era Néstor Kirchner quien ponía freno y limite a los desenfrenos y caprichos de su esposa? ¿ y ahora qué?.

Dejando banderías políticas de lado, y sabiendo de antemano que en la República Argentina no existe clase política de recambio y que tampoco existía a estas horas por lo menos un firme candidato para pelearles a los K ni siquiera un mínimo espacio de poder la pregunta aflora por si sola: ¿y ahora quién?.

Vuelvo a enarbolar mi ignorancia en la rama de la política, la macroeconomía y en tantas otras disciplinas más, pero vislumbro dentro de esa ignorancia y conociendo a mi Argentina que esto traerá aparejado un abrupta subida de las divisas con el dólar a la cabeza. Las bolsas se retraerán porque nadie va a querer invertir ni un centavo de peso. Los inversores privados  pararán sus inversiones hasta que la cosa se aclare. Si por casualidad la señora presidenta no demuestra firmeza y control  comenzarán a aparecer auto-proclamados salvadores. Gentes de las más extrañas calañas intentarán aprovecharse del caos formado por la inseguridad y desestabilización que reinará sin duda y todo el conjunto de situación y actitudes no logrará otra cosa que provocar un nuevo retraso de 10 o 15 años de la Argentina. Gavilanes de todas las latitudes ya sobrevuelan el campo.

Lo importante debería ser que todos pongamos el esfuerzo en sostener las instituciones democráticas ya arraigadas en Argentina dando prioridad al mantenimiento de las garantías que sobre esa democracia se asientan. Se ha muerto un líder, aprobado por muchos y discutidos por otros tantos, pero líder al fin. Desde Alfonsín a esta parte hubieron tres marcados referentes: el propio Ricardo Alfonsín en los 80, el nefasto Menem en los 90 y Néstor Kirchner en esta convulsionada década actual. Todos tuvieron miles de falencias y algún que otro acierto. Lo rescatable es nunca se perdió la dinámica y el movimiento. Por favor que no se pierda ahora.