Pensamientos Sueltos

Con el viento en la cara


Que la gente cambia no debe quedar ni el más mínimo atisbo de duda. Todos hemos, a lo largo de la vida, experimentado uno que otro cambio. Cambiamos físicamente y eso salta a la vista. Cambiamos de parecer. Cambiamos en nuestro modo de vestir. Hasta cambiamos de gustos por la comida. De chiquito no podía ver a la cebolla y al ajo y hoy no hay plato al que no le incluya por lo menos esos dos ingredientes. Cambiamos de parecer en cuanto a ideas políticas al darnos cuenta que cambiar el sistema solo con nuestras ideas resulta poco más que una utopía. Cambiamos en cuanto a preferencias de coche. En fin, cambiamos, siempre cambiamos. Y obvio que esta bien que así sea. De no ser así no habría evolución y la humanidad quedaría limitada a una especie sin futuro. Bueno al paso que vamos creo que tampoco lo tenemos pero eso será por otro motivo.

Lo cierto es que cambiamos y lo único que tienen en común todos esos cambios es que todos transcurren en un cierto lapso de tiempo. A veces es largo otras más corto pero inexorablemente es el tiempo que todo lo cambia.

A mis 53 años puedo decir que he cambiado mucho. No voy a decir ni para bien ni para mal. No es motivo de este post. Además llevaría unas cuantas horas de análisis que no estoy dispuesto a desperdiciar. Pero ocurre que el último de mis cambios tiene que ver con algo a lo cual me opuse toda mi vida. Renegué contra ello y maldije en siete idiomas a quienes utilizaban el adminiculo en cuestión. Lo consideré peligroso y origen de todos los males del universo. Me opuse fervientemente a que mis hijos lo tuvieran o lo usaran. Y consideré a todo usuario indigno de mi atención y respeto.

Pero… como todo cambia, resulta que en el ecuador de mi vida, (si, pienso vivir hasta los 100 años) me he comprado una moto. Sí, una moto. Bueno una moto moto, de esas que pasan como una exhalación por nuestro costado rugiendo como una locomotora, de esas no. Humildemente es una scooter. Con sus 125 cc de cilindrada y sus dos ruedas también. Una delante y otra detrás. De la marca japonesa. Esa que comienza con H.

No voy a negar que durante los primeros kilómetros lo he pasado bastante mal. Un vehículo diferente a los que he llevado hasta el momento. Me resultaba pesada y lo de acelerar y frenar con las manos se me complicaba un poquitín. Además la caprichosa sistemáticamente se negaba a girar a la izquierda. Hacia la derecha no pero hacia la izquierda le costaba un poco. Hoy ya puedo decir que ambos estamos habituados. Me siento muy cómodo en ella y además le voy tomando el gustillo a eso de ir por la vida con el viento en la cara y los cabellos ondeando cual bandera en lo alto de un mástil. Bueno, lo ultimo no es tan así. Primero porque llevo casco y segundo, porque mi cabeza carece de cabello. Pero la frase quedaba bien. ¿A que si?

En verdad es todo un descubrimiento. Independientemente de que resulte un medio de transporte ágil y económico, resulta una buena sensación. Como que uno es más libre. Eso si, respetando todas y cada una de la leyes de tránsito. Mediante una conducción segura se llega a cualquier lado. Como conductor de turismo me vuelvo loco viendo las aberraciones y atrocidades que cometen más de uno. Por eso intento observar todas y cada una de las reglas.

Una cosa que me maravilla de viajar en moto es la sensación que te deja el echo de tener la cabeza dentro del casco. Es como que estas dentro de una burbuja. Viendo pasar la acción a tu alrededor pero con los sonidos atenuados. Como cuando estas debajo del agua. Un semi silencio que le permite a uno abstraerse del bullicio de la ciudad.  Personalmente prefiero ir con la visera levantada para poder sentir el viento en la cara pero no siempre se puede.

He aprendido algunas cosas desde que llevo moto. Ahora se que es bueno ponerse en el lugar del otro y enterarnos de una vez por todas que las calles no son nuestras. Son de todos. Otra cosa que me he dado cuenta es que no es bueno estornudar con el casco puesto y la visera bajada. Es verdad que la moto da otro juego. Uno puede posicionarse delante del pelotón frente a un semáforo rojo y como la salida de una moto es más rápida que la de un coche, se gana mucho tiempo y terreno. Además, lo de conseguir aparcamiento en cualquier sitio resulta maravilloso. Sobretodo en una ciudad como Barcelona donde el volumen de tráfico es abrumador y claro, tanto coche hay que aparcarlo en algún sitio. Y para todos resulta complicado.

Ahora bien, entre mis allegados ha surgido una especie de controversia. Los que están a favor aducen que esta muy bien, que es muy cómodo y ágil. Que se gana tiempo y es muy económico. Todas verdades pero nada que ya no se sepa.

Los que están en contra esgrimen cuestiones de inseguridad. Que uno es la carrocería del vehículo y que se está muy expuesto. También verdades. Pero hubo alguien que me dijo que esto era producto de mi crisis de los cincuenta. Que me había pillado el viejazo y que lo de la moto obedecía a eso. Esto surgió sobre todo cuando dije que mi próximo objetivo era comprarme una moto de alta cilindrada estilo custom. De esas de las de la ruta 66. Y no se porque se imaginaron que me pondría mi chaleco de cuero, mostraría mis tatuajes de calaveras en los brazos y con una bandera confederada me subiría a mi moto con el manillar alto y saldría a recorrer las calles de mi ciudad. Bueno, que se yo, es la imagen que se me viene a mi cuando pienso en una moto grande. Ah me olvidaba de los bigotones largos y las gafas de sol. Pero no. No es eso. Creo que la cosa va más allá. Creo que la vida es a priori muy injusta. O por lo menos está desequilibrada. De esto se ha hablado mucho y se a jugado mucho hasta en el cine. La cuestión es: ¿por que cuando uno tiene juventud, desparpajo y ganas de aventura se lo tiene que pasar estudiando y trabajando para poder generarse un futuro y afrontar las responsabilidades que vendrán en la adultez? Durante la adultez uno se lo pasa trabajando para poder formar una familia y generar los recursos que necesitará luego a la hora de su vejentud (vejez es que suena feo). Y resulta que se pasa uno la vida ocupado en mil cosas, utilizando tiempo y recursos (como si el tiempo no fuera el más preciado de los recursos) pensando en el futuro. Y claro, ese futuro llega, porque el futuro va de la mano del tiempo y este es implacable. Nunca se detiene. Entonces un día te das cuenta de que ya has hecho lo medianamente posible y que estás liberado de algunas de las obligaciones. Digo: los hijos crecieron e hicieron sus vidas, tu trabajo está encaminado y no necesitas mucho esfuerzo para llevarlo a cabo, es más: estas ya en tiempo de descuento. Entonces aparecen las oportunidades que antes dejabas pasar por falta de tiempo y de recursos cosas de las cuales ahora dispones. No en demasía. Los nietos también consumen tiempo y el dinero nunca sobra. Pero te ves en posición de afrontar ciertos retos. Una moto grande. Tranquila. Una custom. De manubrio algo alto. Estilo clásico. Alforjas de cuero en los costados. Algunas tiritas de cuero pendiendo de cada manillar. Cromado. Mucho cromado. Y la promesa de vivir buenos momentos en la carretera. Recorriendo kilómetros y conociendo pueblos y ciudades. Desayunando fuerte porque se necesitan calorías para aguantar el frío viento y comiendo buena comida del interior, allí donde no existen las prisas ni el tráfico que cual apurado río nos lleva de aquí para allí. Solo la carretera, el aire en la cara y la melena al viento. Otra vez lo de la melena. Perdón, me dejé llevar. Entonces te dicen que eso es para más jóvenes. Como si el disfrute del tiempo para uno mismo necesitara una edad específica.

No es la crisis de los cincuenta. Son las ganas de vivir libre y despreocupado lo que me lleva a querer comprarme una moto grande. Es la necesidad de un tiempo para mi. Para mi y mi moto claro. Y si se anima también para mi esposa. Yo creo que se va a animar.

No es crisis, son ganas, es fuerza, es vida. Esa vida que, como decía antes, se me antoja injusta. Aunque creo que no es injusticia. Se necesita haber invertido tiempo y esfuerzo. Ese tiempo que nos sobra en la juventud y ese esfuerzo que no nos cuesta demasiado aplicar, todo para poder llegar a esta edad con sabiduría y ganas para poder disfrutar de este tiempo que ya es de descuento y que nos pone la vida en bandeja para eso: para vivirla.

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Textos

Me despierto y…


No hacía mucho tiempo que nos habíamos mudado. Por tanto, aún nos faltaba acomodarnos a algunas cosas.  Casa nueva, barrio nuevo, ciudad nueva y país nuevo. Una cultura diferente y hasta un idioma diferente. La comida no era problema. Siempre nos gusto probar todo lo desconocido así que modificar nuestra dieta no representaba ninguna dificultad. De hecho, creo que hemos ganado en variedad y calidad.

Cada día, al levantarnos, comenzaba un ritual que, por repetido, no dejaba de ser complicado. Cada uno sabía lo que tenía que hacer, aunque no siempre lo hiciera. Había un orden para el uso de los lavabos. La casa tenía tres, pero cuando cuatro de los integrantes de la familia son mujeres, nunca son suficientes.

El desayuno se desarrollaba bajo un caótico y complejo ir y venir de gente con tazas en una mano y tostadas untadas con mantequilla y mermelada en la otra. Algunas quedaban sobre la encimera o sobre algún otro mueble y no siempre volvía a las manos que allí la dejaran.

En un determinado momento la puerta se abría y uno a uno íbamos desfilando hacia la calle donde cada cual tomaba la dirección más conveniente a su destino. Dos se iban juntos hacia la parada del autobús. A otro lo pasaba a buscar un compañero con su coche en una especie de danza sincronizada: en el preciso momento en que pisaba la acera aparecía el coche y paraba justo enfrente de la casa. Otros se iban caminando y yo subía a mi coche aparcado en la cochera y salía a mi hora. Cada día se repetiría la secuencia. Cada día con excepción a ese lunes.

Los despertadores fueron sonando con su cadencia preestablecida. Primero uno, después dos más. A los quince minutos los que faltan. Luces que se encienden, puertas que se abren y se cierran tras alguien que sale corriendo con la cara marcada por la almohada. Uno tras otro se van sumando los ruidos que dan vida a una casa que despierta. De a poco todos convergen a la cocina. Todo igual, como cada día. Allí esperan las tazas y las tostadas. Cada uno con su ritual personal. Tazas en una mano y tostada en la otra. Ir y venir de algunos. Otros sentados a la mesa. La casa bulle en su fragor matutino. El sol entra por una ventana. Parece que hará calor. Es lógico, la primavera está avanzada ya.

Todo igual, como cada día.  Unos hablan entre sí, otros callan.  Pero hay algo diferente.  Y no sé qué es.

De pronto me doy cuenta. Yo no estoy allí.  Lo veo todo. Pero no estoy allí. No entiendo.

Veo todo como si fuera la tv. Yo solo soy un espectador. Mi sitio en la mesa esta vacío y nadie se ha dado cuenta aún.

Intento hablar y mis palabras se ahogan al salir de mi garganta. No tienen sonido. No se escuchan. Yo las pienso, las repito y nada. Silencio. Me  muevo por la sala sin dificultad. Nada me detiene. Y nadie repara en mí. Nadie me saluda, nadie me pregunta nada. Soy invisible.  Sigo recorriendo las distintas habitaciones. Al llegar a la mía veo la puerta cerrada. No recuerdo haberla cerrado. Es más, no recuerdo haberla abierto tampoco. De repente estoy adentro. No sé cómo porque no he usado la puerta. Pero estoy adentro. Está oscuro. Mis ojos tardan en acostumbrarse.

Una sensación de terror se apodera de mi. No puedo pensar. No entiendo. ¿Cómo puede ser? En la cama estoy yo. O está mi cuerpo. No puede ser. Si yo estoy aquí, cómo puedo estar aún en la cama. Me acerco. La angustia no me deja pensar. ¿Qué está pasando?.

Salgo corriendo. En realidad no corro, me desplazo, vuelo. Llego a la cocina y todo sigue igual. Cada cual en su secuencia. Nadie ha reparado en que yo no estoy. Quiero gritar, avisarles, que alguien vaya a mi cuarto a ver qué me ha pasado. Las palabras no salen de mi boca. La desesperación se apodera de mí. La angustia no me permite asimilar la realidad. Estoy muerto. Muerto.

Pienso en lo que aún no he hecho. En lo que aún no he dicho. Todos mis planes. Todos mis proyectos. Una vida planificada al detalle y ahora esto.  ¿Por qué?

Me asaltan mil dudas. ¿Qué he sido yo en vida?¿Qué he hecho yo en vida? ¿Hacia dónde conduje mis pasos?¿Qué clase de persona he sido?.

Ninguna respuesta se asoma en mi pensamiento.  Solo angustia y frustración. La cabeza me va a estallar, no lo puedo soportar. No me duele. No siento dolor, pero creo que no puedo soportar las dudas ni la angustiosa sensación de vacío interior.

Intento poner las cosas en su lugar. La maldita muerte me pilló durmiendo. No me ha dado la oportunidad de defenderme. Ni siquiera la he visto a la cara. La muy traidora no me ha dado la posibilidad de hacerle frente. De pelear por mi vida. Me ha sorprendido durmiendo, indefenso. Era de esperarse. La muerte no podía ser honesta y mucho menos honorable. Es la muerte.

Ahora siento que me invade el enfado. Me enfada no comprender. Me enfada saberme derrotado. Me enfada no haber tenido la menor oportunidad contra la muerte. Me enfada que todo termine así, sin más. Sin explicaciones.

¿Y los demás?¿Por qué nadie nota mi ausencia? O es que nadie me echa en falta.  Ahora es miedo. Siento miedo, mucho miedo. Nadie me extraña. No he sido nada para nadie. Toda una vida dedicada a los demás y ahora a nadie le extraña mi ausencia.

Me siento abatido. Toda una vida sin sentido. Pasar por este mundo sin dejar huella. No soporto estas mezclas de sentimientos. Temor, angustia, enfado, vacío. No es justo. Esto no puede terminar así. Esto no puede ser el final. No tiene sentido la vida si al final va a terminar así.

No solo es injusta la vida sino que aún más lo es la muerte. Tanto por hacer, tanto por recorrer, tanto por dar de mí y ahora se acabó.

¿Qué pasa con los sueños inconcretos?¿Qué pasa con las promesas incumplidas?¿Quién cuidará de los míos si yo no voy a estar para hacerlo?.

Dudas. Mil dudas. Si yo hubiese sido distinto ¿Hoy la realidad sería otra?.

Veo a cada cual seguir en lo suyo. Cada uno en su faena. Veo que todo sigue igual. Excepto que yo no estoy en esa rutina. La vida continúa para todos menos para mí. Y esta desazón me lastima y no me deja pensar con claridad. Me queda el regusto amargo de no haber podido terminar con mis cometidos. De dejar las cosas por la mitad. Eso no me gusta. Me duele. No le encuentro el sentido. Toda una vida para esto. Duele.

Hay una luz. No es la luz del final del túnel. Es una pequeña luz en mi entendimiento. Digo, si todo sigue igual es porque la estructura que he forjado sigue intacta. Que mi ejemplo ha servido de algo. La realidad es que esto no se ha acabado conmigo sino que continúa después de mí. Que lo que he sembrado ha dado sus frutos. Nada se ha desmoronado con mi ausencia, señal que los cimientos que hemos colocado resisten los embates de la vida. Al final no ha estado tan mal. No ha sido todo en vano. Me permito pensar que quizá, solo quizá,  mi vida sí ha tenido sentido.

Tengo ganas de llorar. Pero no puedo. O sí. Siento mis mejillas mojadas. Mi cuerpo se sacude. ¿Son convulsiones? No. Son muy suaves. No se sacude. Simplemente se mece. Siento el contacto de otra piel apoyada en mi brazo que me mece. Una voz. Escucho una voz.

Cariño, cariño. Se te hace tarde. Te has quedado dormido…

Escondo mi cara en la almohada. Que no me vea llorando. 

Balbuceo un ya voy…

Me quedo solo. Me seco las lágrimas. Sonrío.

Mi vida no está vacía.

Mi vida no es en vano.

Pensamientos Sueltos

Año nuevo


Es fin de año y se suceden unas tras otras las muestras de cariño y saludos. El avance tecnológico y los diversos medios a los que casi todos tenemos acceso hoy en día, no solo facilitan la tarea sino que hacen que dichos saludos sean de los mas variados, tanto en soporte como en imaginación.
Un amigo me hizo llegar uno que consistía en un pequeño texto y una moraleja.
El texto decía que un señor campesino, cansado de la rutina del campo y de tanto trabajo duro, decidió vender su finca.
Como sabía que su vecino era un destacado poeta, fue a pedirle que le hiciera el favor de hacerle el aviso de venta.
Este accedió gustosamente. El aviso decía: “Vendo un pedacito de cielo, adornado con bellas flores y verdes árboles, hermosos prados y un cristalino río con el agua más pura que jamás hayan visto”.
El poeta tuvo que marcharse por un tiempo, pero a su regreso decidió visitar a sus nuevos vecinos, pensando que aquel hombre del aviso se habría mudado.
Su sorpresa fue mayor al ver al campesino trabajando en sus faenas.
El poeta pregunto: ¡Amigo!¿No se iba de la finca? El campesino con una sonrisa le respondió: -no mi querido vecino, después de leer el aviso que usted me hizo, comprendí que tenía el lugar más maravilloso de la tierra y que no existe otro mejor…
Moraleja:
No esperes que venga un poeta a decirte que maravillosa que es tu vida, tu hogar, tu familia y lo que con tanto trabajo hoy posees.
Hemos nacido para ser felices, no perfectos.
Da gracias por lo que tienes y por la oportunidad de vivir cada día y comenzar de nuevo.
Esto es lo que yo sostengo a diario. Como ya he dicho muchas veces antes, suelo practicar el ejercicio de mirar hacia atrás. Cuando uno va andando ve lo que tiene por delante. Y siempre se ve lo que falta por recorrer. Casi nunca nos paramos a ver cuanto hemos recorrido del camino. Si lo hiciéramos más a menudo, veríamos que la distancia recorrida no es despreciable y veríamos también algo muy importante. Veríamos que no estamos solos en ese camino. Veríamos que tenemos gente que nos sigue. Gente que nos acompaña. Y veríamos lo que fuimos construyendo a lo largo del camino. Y muchas veces, sino todas, podríamos ver que lo que hemos construido es mucha más solido, fuerte y más lindo que el futuro incierto que tenemos por delante. Nuestras metas son importantísimas. No se puede vivir sin motivación. Pero que el ansia de lograr esas metas no nos impida pararnos a ver los logros. Háganlo. Párense por un momento a reflexionar y díganme si lo que hasta ahora han conseguido no es maravilloso. Niéguenme que la familia que han formado, que el hogar que han construido (y no me refiero a poner un ladrillo sobre otro) no son maravillosos. Con sus deficiencias y sus fallos. Recuerden: nacemos para ser felices, no perfectos.
Miren a su alrededor y díganme si esos hijos que les siguen en el camino no es lo más maravilloso que hallan hecho hasta el momento.
Díganme si esa mujer o ese hombre que ha envejecido a vuestro lado, convirtiéndose en la otra columna de ese hogar no es quien mejor se ajusta a vuestras formas y necesidades.
Díganme si, como es mi caso, al ver a sus nietos crecer maravillosos y ávidos por engullirse al mundo a bocanadas no se les llena el pecho de cálida satisfacción.
¿Que cosa es mejor que lo que ya tienes?. ¿Que más le puedes pedir a la vida que lo que ya has conseguido?.
Hagan este ejercicio al finalizar cada día, cada semana, cada mes. Entonces cuando llegue fin de año y se paren a ver el camino recorrido podrán decir con la boca ancha, llena de orgullo: tengo la mejor familia que se puede tener, el mejor hogar que se pueda construir, el mejor trabajo que se pueda tener porque todo esto es mío, yo lo construí.
Buena entrada de año. Que el camino que elijan recorrer esté plagado de cosas maravillosas y que construyan sus vidas sabiendo que lo que logren con esfuerzo servirá para que sean cada vez más felices.

Pensamientos Sueltos

Reconvirtiendo-se


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Que difícil resulta, después de un tiempo, ponerse a escribir.

El otro día leía a Marina Bianco que decía que se había quedado  precisamente en blanco y no le salía nada. Y que por eso prefería mostrar en fotos lo que estaba haciendo, que le resultaba más gráfico. Y la verdad es que la entiendo. A mi me pasó lo mismo. Me volqué más al Instagram que al blog. Supongo que son etapas.

Por otra parte, me resultaba complicado volcar en palabras una situación que no me resultaba agradable. ¿Entonces para qué escribir sobre ella?. ¿Es lógico no?.

A día de hoy la situación no es que haya cambiado mucho. De hecho está allí. Impávida, indemne, inamovible. ¿Será entonces que me he hecho amigo de ella? ¿Será que de tanto verla me he acostumbrado a que esté ahí?. ¿Habré aprendido a tenerla a mi lado y que forme parte de mi vida?.

Muchos son los interrogantes y ninguna la respuesta. Pero lo concreto  es que eso está ahí y no hay más.

La situación en sí no es muy distinta a la de muchos. Uno intenta hacer cosas, emprende, realiza un proyecto. Luego las cosas se tuercen y es muy difícil saber cuándo decir basta.

Te aferras al proyecto y aunque lo ves sucumbir ante las enormes fuerzas de la contrariedad supones que vas a salir adelante. Y alguno lo habrá logrado, no digo que no, pero la gran mayoría hemos muerto en el intento. Hay una cantidad infinita de literatura sobre: “cómo hacer resurgir su negocio en solo 5 pasos”. O “recupere su capital y sus clientes con estos consejos. Yo lo hice y mi negocio no para de crecer”.

Mmmmm permítanme dudarlo. No digo que no, solo déjenme dudar.

Pero este no es mi caso y lo que era en principio un maravilloso proyecto empresarial, con su plan de negocios y sus curva de amortizaciones y su índice de crecimiento proyectado a corto, mediano y largo plazo resulta que termino siendo un estrepitoso fracaso del cual solo quedó una deuda de considerables dimensiones,teniendo en cuenta la  envergadura del proyecto. Es decir no solo quedaron deudas propias del emprendimiento sino que también se generaron más  deudas al no poder asumir los compromisos adquiridos cuando teníamos la esperanza de que todo funcionaría de maravillas.

Obviamente esto repercute directísimamente  en lo anímico. Pasas muchas horas pensando cómo saldrás de esta y cuales son los pasos a seguir. La deuda esta, las facturas siguen llegando y no estas generando nada para minimizar la situación. Caos inminente.

Los acreedores llaman. Una y otra vez. Le explicas la situación. A ellos les importa un comino tu situación. Quieren cobrar. Y es lógico. Tu quieres pagar, es lo que corresponde. Pero no puedes. ¿Entonces?. Siguen llamando. Le vuelves a explicar. Les importa otro i más. Ellos quieren cobrar. Yo lo entiendo. Pero no puedo pagar. Déjenme que consiga un trabajo y afronto los compromisos como un campeón. Pero hoy no puedo. Bueno pero dígame una fecha. Le estoy diciendo que no puedo. Bueno le parece que lo llamemos la semana que viene. Y… tu llámame cuando quieras pero no creo que de aquí a siete días la cosa vaya a cambiar mucho eh. Bueno yo apunto que lo llamen la semana que viene. Vale como quieras. Al otro día… más de lo mismo vuelta a llamar y vuelta a explicar. Y así día tras día. Hasta que un día dices basta. No los atiendo más. Y el teléfono suena y suena día tras día. A la semana un carta: “dada la falta de interés en encontrar una solución amistosa pasaremos el caso a nuestros abogados”.

Eso te va cargando y cargando y la cabeza a mil vueltas por segundo y entras en un circulo y sabes que  no tiene salida.

En estas circunstancias es difícil encontrar un tema motivador y lleno de positivismo sobre el cual exponer o comentar.

Pero bueno. La cosa está ahí. Y de nada sirve patalear, llorar ni embroncarse. Esto lo se ahora. Un año después. Y entonces me entraron ganas de volver a escribir.

No es que tenga un tema. Pero quiero escribir otra vez. Y entonces hice lo que hago casi siempre. Salir a caminar y cada tanto girarme hacia atrás y ver el camino recorrido. Y mirar hacia adelante y ver el camino que aún me falta. Mirar un poquito más cerca para ver si el camino es el correcto. Porque si no es el camino correcto entonces tendré que elegir otro mejor.

Resulta ser que vi que en realidad no había escogido ningún camino y que estaba caminando en círculos. Y claro. Eso no conduce a nada. Te desgastas pero no vas a ningún sitio.

Entonces solo queda una cosa para hacer: repensar, buscar otro horizonte e identificar el camino adecuado. Muchas veces esto implica un drástico cambio. Hay que reciclarse, regenerarse, reinventarse y todos los re que se te ocurran. Y eso es lo que hice, reconvertirme. O por lo menos en proceso de… estoy.

Pero cuidado. Reconvertirse no es así de fácil como suena. Uno no se levanta una mañana y  dice mientras se despereza: bueno, hoy me voy a reconvertir. No no,  no es así. Además está el tema de saber en que uno se puede reconvertir. Tampoco uno puede levantarse una mañana, ir al lavabo y luego sentarse en la mesa de la cocina frente a su taza de café con leche y ojear el catálogo de reconversiones y elegir la que más te gusta.

La realidad es mucho más compleja. Lleva implícito cierto riesgo también. Uno se puede reciclar. No hay problema. Pero y si también fallo en el reciclaje y el producto reciclado tampoco es el esperado. ¿Que hago?.   Cuando uno llega a esta situación es porque agotó todas las opciones que se tenían a la mano. Y muchas veces también todos los recursos. Y me refiero a los económicos. Y claro. Reciclarse con dinero es fácil. Pero ante la ausencia de él…

Entonces los miedos aparecen. Están allí. Delante tuyo. Te miran fijamente a los ojos. Te paralizan… o te empujan.

Recordad que las facturas siguen acumulándose y la deuda crece, eso que les dió  a  todos por cobrar de más. Intereses le llaman. No se porque se llaman intereses si no le interesan a nadie. Bueno si, a los acreedores si le interesan. Pero bueno, todo sigue ahí, sobre tu cabeza. Dentro de tu cabeza. Y taladra y taladra y taladra.

Pero tienes  que tomar una decisión. Y hay que pensar mucho. Y una vez tomada hay que mantenerse firme. Y hay que empezar a enamorarse de esa decisión. Hay que empezar a amar ese nuevo proyecto. Hay que ponerle corazón, garra, fuerza y llevarlo adelante con toda la sangre en movimiento. Porque este proyecto es la balsa salvavidas que nos mantendrá a flote. Fijaros que no digo que nos salvará la vida. Solo es una balsa que no permitirá que nos sigamos hundiendo. Solo eso. Pero en realidad es lo único que nos queda. No hay más nada. Solo este nuevo proyecto que requiere que nos reconvirtamos.

Y es en este momento en el que entran a jugar otros elementos. Ya teníamos los miedos. Y esos siguen ahí. Y  además quizá hasta se sume alguno más. Que si, que si. Que se suman. Pero no importa. Nosotros estamos enamorados de nuestro proyecto y contra el amor no hay nada. Pero hay muchas cosas en juego y muchas son las variables intervinientes. También está el tema tiempo. No tenemos tiempo, no nos sobra tiempo. Cada minuto que pasa, la pesada bola de nieve crece y crece. O sea: no puedo fallar. Y aparece también el orgullo. Si el maldito orgullo. Ese orgullo que nos cerró infinitas puertas. Ese orgullo que nos llevó a no elegir el mejor de los caminos. Quizá sea el orgullo el que nos llevó a esta situación. Y junto con el orgullo aparecen los prejuicios. Y para uno que es muy prejuicioso esto es devastador.

Y entonces comienza un guerra interna sin cuartel entre lo que quieres y lo que debes, entre lo que eras y lo que serás. Y el resultado de tu reinvención depende de quien gane esa batalla. Si gana el quien era, te quedarás dando vueltas en círculos eternamente. Nada cambiará a tu alrededor y tampoco irás a ningún sitio. Todo seguirá igual y se te vendrá encima.

Si gana lo que seré, habrá triunfado el enamoramiento por tu proyecto, tus gana de salir adelante, tu responsabilidad habrá pesado más que el resto de las variables y tu orgullo será del bueno. Del que sirve. Del que te hace grande. Será el tipo de orgullo del que presuma tu entorno.

Lo dije mil veces: la vida es un cadena de decisiones. Solo hay que arriesgarse y tomar la decisión que nos lleve a donde queremos ir. ¿Lo demás? Lo demás son anécdotas.

Lo importante es que nos reconvirtamos en lo que queremos ser para ir a donde queremos ir. Elegir el camino adecuado.

Yo… en eso estoy. 

Pensamientos Sueltos

Comienza el año.


Si si, como lo escucha ( o lee). Comenzó Septiembre y en esta parte del mundo comienza el año.

No,  el 2016 no. Me refiero al año laboral no al año calendario. En Agosto se terminan las vacaciones de la mayoría y en Septiembre comienzan también los niños las clases. En Septiembre se vuelve a la rutina. A que todo esté abierto en su horario habitual, a los atascos en las horas pico, a los horarios y las carreras. A las clases extra escolares y a los entrenos del fútbol, basquet o lo que practiquen los niños.

Esto es así. En Septiembre. Cuando faltan 4 meses para que termine el año. El de verdad. El del calendario. Aunque aquí, en el hemisferio de arriba eso solo sea un cambio de fecha.

Todo comienza en Septiembre. Hasta las series y programas de televisión comienzan en Septiembre. No solo el otoño. Cada uno regresa a lo de siempre.

Y esto es raro para los que nacimos y vivimos gran parte de nuestra vida en el hemisferio sur, donde todo termina en correlación y concordancia con el año del almanaque.

Pero hay algo que se  da igual vivas donde vivas. A riesgo de sonar cursi lo soltaré igual: es la ESPERANZA.

Y esto viene dado por la necesidad de ver cambios. Las estructuras son las estructuras. Contra eso no hay discusión. El tema es que las estructuras y las estructuraciones (que también las hay) no son del todo manejables y entonces hay que esperar. Sus tiempos no son los míos. De ahí que existe todo un lapso de tiempo en el cual nos sentamos a esperar que cuando llegue tal día la cosa cambie. Ahora no porque es verano y, o bien no hay nadie en la calle o bien el que está no te atiende. En la administración no hay personal, en las empresas tampoco, los comercios cerrados por vacaciones y la gente también de vacaciones.

Pero en Septiembre… en Septiembre la cosa cambia. Todo este tiempo de espera nos fue cargando de esperanzas. En septiembre comienza todo de nuevo y entonces sí. Ahora sí. Todo lo bueno que tenía que pasar pasará a partir de Septiembre. Los restaurantes se volverán a llenar de gente, los comercios de clientes, llegan los ascensos, los proyectos, etc, etc, etc.

Y en realidad… en Septiembre nada cambia. Septiembre es un mes más. Como cualquier otro. Septiembre no es mágico. Es otro mes y nada más. Somos nosotros los que cambiamos. Del sopor del verano pasamos al fervor del otoño. A ponernos al día con lo que se nos acumuló en agosto. A iniciar la nueva campaña, la nueva temporada o lanzar la nueva línea o el nuevo plan de acción.

Deberíamos plantearnos que nada es mágico. Estamos medio grandecitos ya.

Debemos entender de una vez por todas que los cambios vienen de dentro. Lo que no cambie yo, septiembre no me lo va a cambiar. Si yo no propicio mis modificaciones volveré a pasar todo un año esperando y regresaré al mismo punto de partida, con mucha más frustración, lo cual me hará caer en un profundo espiral del cual difícilmente pueda salir a lo largo de toda mi vida.

Por eso estoy convencido de que cada mes tiene que ser mi septiembre. Cada día tendrá que ser 1º de septiembre. Cada día tiene que servir para plantear un reto nuevo, una campaña nueva, un objetivo nuevo. Por supuesto no hablo de negocios, aunque también se ajusta. Hablo de la vida. De mi vida. De mi presente. De mi esperanza.

No se puede depositar las esperanzas de una vida entera en un mes del calendario.

Carlos Bowen saiz

Pensamientos Sueltos

Punto de cuelgue


Déjeme… Que insista.

No, no soy Matias Prats ni trabajo en linea directa. Le digo que voy a insistir pero en un tema que se volverá recurrente a medida que se acerque el viaje de Lucio y Rocio.

Es muy difícil hablar sobre algo de lo cual no se es protagonista pero a mi me resulta casi imposible no intentar ponerme en sus cabezas. Como eso no es posible lo que hago es ponerme de protagonista virtual de las vivencias de otro. Y claro está, no hago otra cosa que ponerme en su situación y pensar que me pasaría por la cabeza en este momento puntual del proyecto. Dar la vuelta al mundo no es poca cosa. Hacerlo con un niño de casi tres años mucho menos.

En aviación existe un termino técnico que define una situación en particular.

En el momento del despegue todo avión depende de la fuerza de sus motores y su empuje. Las potentes unidades motrices empujan al avión ganando velocidad hasta lograr la necesaria sustentación. Un ligero toque de timón hacia atrás y el avión comienza a subir. La cuestión es que a pesar de ya no tocar con las ruedas el suelo, el avión no esta volando en realidad. Sigue dependiendo de los motores. Si el piloto dejara de acelerar los motores, el avión se vendría a  abajo como una bolsa de papas. Y lo que ocurre es que el bichejo no a alcanzado aún el “punto de cuelgue”. Es decir el punto donde el avión ya vuela por la velocidad que trae acumulada. Si un avión volando a velocidad de crucero y a una altura considerable, de repente apaga sus motores seguiría volando por un tiempo que seguramente le daría al piloto un margen de maniobra y quizá aterrizar el avión aun sin motores.

Pero el tema era el punto de cuelgue.

Antes de alcanzar este punto no hay vuelta atrás. Cualquier cosa que surja en el avión el piloto esta obligado a seguir acelerando hasta sobrepasar el punto de cuelgue y poder hacer algo, lo que sea, pero no antes, tiene que seguir. Desde que comienza a carretear y hasta antes del punto de cuelgue no hay vuelta atrás. Puestos en movimiento ya no se puede parar.

Y esto es lo que se me ocurre que estarán viviendo mis amigos Rocio y Lucio. A estas alturas no tienen vuelta atrás. Solo queda seguir carreteando y ganar velocidad. El fin de la pista no esta muy lejos y están obligados a seguir tirando con fuerzas.

Esto es un viaje y no me refiero al desplazamiento que llevaran a cabo desde un punto físico a otro,- atravesando países. Me refiero al viaje personal. Al viaje individual de cada uno de ellos. Al viaje como familia. A la búsqueda del yo en un viaje hacia el interior. Ese viaje que hace que dejen atrás su zona de confort y salgan a un mundo desconocido y extraño que solo puede traer aparejado beneficios. Beneficios del tipo espiritual, de aprendizaje. Conocer otras culturas hace que uno se plantee cosas. Da la oportunidad de poder comparar. De poder elegir. De definir estilos de vida. De redescubrir que es lo que uno realmente quiere.

Me es imposible abstenerme de ponerme en su situación. Ver que la fecha de partida se acerca a velocidades de vértigo. La casa desmantelada, con casi todo vendido. Comiendo sobre una mesa improvisada. Los cuadros descolgados de la pared.  Con casi todo lo guardable ya ubicado en un trastero de alquiler a la espera de la vuelta. Las despedidas ya comenzaron hace rato. Poca cosas que finiquitar aun. El cable ya esta dado de baja, el teléfono también. Las mochilas casi listas. El sueño que se acerca a la  realidad. La impaciencia. Los miedos. La incertidumbre. La expectativa. La ilusión. Cerrar cuatro cosas que quedan pendientes del viaje. Todo cae como ficha de tetris. Y la definición más exacta de la decisión tomada, la del cambio de filosofía de vida: lo que se llegue se llega y lo que no…

Cada “cosa menos” es un atadura que cae y se es un poco más libre.

En la misma situación de Rocio, Pedro y Lucio hay muchas personas al rededor del mundo. Buscan cada cual lo suyo. Como Marina Bianco que desde argentina también  emprenderá  su viaje alrededor del mundo y el personal a principios del 2016.

Esto es no ser oveja. Esto es tener el comando de tu vida, de tus sueños e ilusiones. Esto es querer hacer lo que quiero y no lo que dicen que tengo que hacer. Con sus riesgos, con sus dudas, con su incertidumbre. Pero allá van. Ya sin vuelta atrás. Aun no han alcanzado el punto de cuelgue y no pueden parar. Hay que seguir carreteando y ganando velocidad.

Gracias por leerme.

Carlos Bowen Saiz

Pensamientos Sueltos

El placer de no conformarse.


A lo largo de mi vida (sepan que ya cuento con cincuenta y un años) he realizado múltiples tareas. Es decir he pasado por varios trabajos. Ademas he comenzado diversos experimentos o iniciativas con diferentes resultados. Antes que eso por supuesto realice mis estudios correspondientes. Jardín de Infantes, escuela primaria, secundaria (en mi caso fueron seis años de escuela industrial) y a posteriori una muy corta e inconclusa carrera universitaria de escasos dos años de longitud.

He trabajado por mas de diez años en un canal de televisión, he vendido libros, panificados, ropa, seguros de vida, coches y camiones de la marca de la estrella, neumáticos. Una vez rompí todo el patio de atrás de mi casa para poner un pequeño invernadero de madera y nylon para hacer un vivero y vender plantas. Vendí publicidad. Tuve mi propia empresa de videos. Trabajé como cámara para diversos canales de televisión tanto a nivel local como nacional. Trabajé de fotógrafo. Produje mis propios programas de televisión para el canal ce cable de mi ciudad. Y seguramente me olvide de alguna que otra cosa más.

Además del vivero en el fondo de mi casa, un vez intente montar un criadero de caracoles y comencé a experimentar con recipientes transparentes  que ubicaba en el comedor de mi casa. Si ya se, no es bonito de ver. Pero no tenia otro sitio.

Siempre me tuve como un culo inquieto y que me aburrían las rutinas. Asumí que mi carácter era de índole creativo y necesitaba siempre estar generando algo nuevo y ponerle todo el ímpetu que fuera capaz para lograr mi objetivo. Ir saltando de idea en idea, convencido que era lo que quería, y dejando la vida en ello. Cuando la cosa no resultaba  como esperaba barajaba y daba de nuevo.

Nunca me gusto trabajar en relación de dependencia y las veces que lo hice, casi siempre, ocupé cargos que me permitían andar suelto. Casi nunca trabajé en una oficina. Mis horarios me los maneje yo y me he movido libremente aunque siempre poniendo mas empeño del necesario para “cumplir con lo establecido”.  Pero siempre había algo que me hacía cambiar lo que era “aparentemente seguro” por algo, digamos,  más incierto.

Esto me acompaña desde que tengo memoria y lo aplico en todos los aspectos de mi vida. Hoy cuando viajo, por ejemplo, prefiero viajar a ciegas sin investigar mucho del lugar a donde voy solamente para descubrirlo personalmente. Siempre entendí que este era mi carácter.

Sumado a esto los críticos y detractores que nunca faltan y constantemente opinan: Que me canso enseguida. Que necesito cambiar cada cierto tiempo. Que no puedo ser consistente en nada de lo que hago. Que nunca tengo un trabajo convencional. Que siempre invierto demasiado esfuerzo y empeño en cosas que no valen la pena. Etc, etc, etc…

De más esta decir que esto siempre me trajo aparejado mil y un conflictos dentro de  mi entorno y más aún en el más intimo. El reclamo es permanente. Y la queja a la orden del día.

Toda mi vida me plantee y replantee si esta forma de ser, este “carácter” en realidad no era otra cosa que falta de madurez, o irresponsabilidad para con mis “obligaciones”. Si realmente yo tenía derecho a pretender hacer lo que quería y no lo que estaba establecido que hiciera. En definitiva cuatro hijos demandan atenciones y se exigen ciertas garantías de que su vida se desarrollará “según lo establecido”. Y eso, esta claro, era  mi responsabilidad. Entonces, ¿tenía yo el derecho de poner en riesgo su “normal desarrollo”?. ¿Era verdad que no era serio en la forma de conducir mi vida?.

Debo decir que más de una vez esas voces me hicieron dudar. El sentimiento de culpa casi puede conmigo. Pero no. He logrado no caer derrotado ante esa “normalidad”.

Hoy, a los cincuenta y un años he descubierto por fin que es lo que soy: soy un inconformista. Menudo adjetivo eh. En realidad no tiene un buen sonido la primera ves que se lo escucha. Hay que repetirlo más de una vez para hacerse amigo del susodicho vocablo. La primera vez hasta suena a insulto. pero si empezamos a analizarlo con detenimiento va perdiendo su fealdad.

¿Que es un inconformista?. Bueno, en principio no parece muy difícil entender el significado: es una persona que no se conforma. Y ya está. Es eso. así de simple.

Pero ¿que no se conforma con que?. Ah bueno. Aquí ya la cosa cambia. Están los que no se conforman con nada. Esos ya son otra cosa. Esos son un problema. Esos no tienen solución. Nunca les viene ni les vendrá bien nada. Nunca. Esos no tienen cura.

Yo prefiero ser de los inconformistas que se rehusan a seguir lo establecido. Los que no se conforman con lo convencional, con lo que todos dictaminan que debe ser. Los que se niegan a sucumbir ante un camino preestablecido y en apariencia seguro y acotado. Dentro de parámetros “normales” y sin salirse de los carriles determinados.

Yo no me conformo con lo que marca el designio de la sociedad. De eso me aburro. Me canso. Me fastidio.

Yo busco libertad. Y ¿que es la libertad?. Si a cada uno de los que está leyendo esto le preguntara que es la libertad obtendría tantas respuestas distintas como lectores tenga. ¿Entonces que?¿La libertad no existe? Si nadie se pone de acuerdo con la definición no debe ser muy real ¿no?.

Pero sepan que ocurre todo lo contrario. La definición de  libertad la tenemos cada uno de nosotros. La LIBERTAD es la capacidad que tiene cada uno de hacer lo que realmente quiere sin frenos ni impedimentos. Mmmmm. Esto suena a muy utópico y ambiguo. Quizá sí, porque negarlo. Pero en realidad es así. O acaso usted, que esta leyendo esto, nunca se puso a pensar en lo que haría si tuviera la libertad para hacerlo. A que sí. Pues ahí está.

¿Alguna vez se preguntó que es lo que realmente quisiera hacer en su vida?. No me conteste que ser feliz o tener salud o que los suyos no sufran. Digo: ¿que es lo que más quisiera hacer en su vida?. Vamos piense. Y no se ponga trabas de antemano. Deje que fluya la idea de lo que realmente quisiera. Aunque de primera le parezca una locura. Nadie dice que sean cosa s facilitas. Normalmente lo que realmente queremos es complicado, caro o se nos presenta como casi imposible o sino es ilegal. Puede ser viajar, mudarse de país, emprender, escribir, pintar, componer, fundar una ONG, inventar algo, investigar, dejar todo e iniciar un voluntariado, etc, etc, etc… y mil etc más.

Ahora le hago otra pregunta: ¿que se lo impide?.  Ahhhhhh   ahora aparecen mil cosas. El dinero, el tiempo, la familia, el trabajo, las obligaciones, los compromisos y una que es la  peor de todas: ¿que dirán?.  Que sepa señor mío, o señora,  que si estas son las razones que más pesan en su decisión es Usted un conformista y eso sí que suena feo. Muy feo. Pregúnteselo otra vez. ¿Es verdad que hay tantas cosas que se lo impiden?. ¿No será que usted mismo se boicotea?. Piénselo otra vez. ¿No le gustaría romper con tanto esquema, tanta estructura y realmente disfrutar de su propia libertad para hacer lo que realmente quiere en esta vida? ¿De que tiene miedo?. ¿De que no halla  vuelta atrás?. Eso se lo puedo asegurar yo. Nada será lo que era antes. Pero ¿quién le dice que va a ser malo?. ¿No se planteó que el aprendizaje que le deje esa nueva experiencia valdrá mucho más que cualquier cosa que halla dejado atrás?. ¿Que la riqueza de la experiencia en sí sea lo único que le quedará con el paso del tiempo?. ¿No le parece que si no está contento con su vida actual sea el momento de plantearse un cambio de vida?. ¿O se va a conformar con la que vive por que es mas “segura”?

Vivimos una vida que, aunque efímera en demasía, empleamos en perseguir objetivos que nunca están dentro de nuestros sueños. Objetivos que fueron impuestos por una sociedad que no mira por el interés de cada individuo sino el del conjunto y a pesar del individuo. Vivimos tratando de acumular materiales que muy pocas veces logran acercarse a nuestros sueños. Y los sueños solo son sueños si no los convertimos en realidad. Porque los sueños, sueños son, decía un tal Pedro.

Cuando escuchamos que alguien cumplió su sueño lo primero que se nos ocurre decir es: que bueno que lo pudiste hacer, yo lo haría pero es que … Y aparece una larga lista de razones que más que razones son excusas.

Y resulta que hay  todo un movimiento de gente que es inconformista y que quiere cambiar su vida y lo hace. No deja todo a lo loco y se pone a lo suyo. No. Lo programa, lo trabaja, lo desarrolla y lo hace. ¿El resultado?. Es lo de menos. Lo importante es el cambio. No conformarse y hacer algo. Convertir un sueño en una realidad y ese es el cambio. En el mundo hay mil ejemplos de gente que es libre y hace lo que quiere. Lo importante es querer hacerlo nada más y las trabas caen por su propio peso.

Si todo lo aquí expuesto le pareció una tontería, le pido mil disculpas por robarle su tiempo y agradesco su interés. SI por el contrario usted piensa mas o menos como yo sirvase leer este Manifiesto de Chris Gullebeau que quizá ayude un poco.

Resulta ser que yo no soy un veleta o un irresponsable como decían muchos allegados y familiares, en realidad yo soy un inconformista y estoy en camino de hacer lo que realmente quiero. Ese es mi objetivo.

Gracias por leerme y  por seguirme. ¿Que , aún no me sigues?.  Ya  tardas.

Carlos O Bowen Saiz

Pensamientos Sueltos

Año sabático


Globo terraqueo
Globo terraqueo

Cuando Lucio y Rocío me dijeron que tenían novedades que contarme me imaginé una serie de cosas donde la primera, por supuesto, fue que Rocío estuviese embarazada. Ya Pedrito tiene cerca de 3 años y en términos de normalidad es un buen momento para buscar el hermanito/a.

Eso en términos de normalidad.

Juro que di por sentado que esa era la novedad y no le di más vueltas al asunto. Esa noche nos juntaríamos y ahí develarían el secreto, que como yo soy muy perspicaz, ya lo había adivinado. Pues no.

Nada mas lejos de la realidad.

Mis amigos querían contarme que dejaban todo y se iban a viajar por medio mundo. Se tomarían un tiempo sabático.

Pidieron una excedencia laboral y hala, a volar.

No es posible tomar conciencia de la velocidad con la que mi mente comenzó a procesar la información que por mis oídos entraba. Creo que mis neuronas batieron récords de conexiones y transporte de ideas. Preguntas que se respondían, otras que quedaban en el aire. Todo en milésimas de segundo y todo esto tratando de que no se trasmitiera a mi cara y denotase una expresión. Fue un esfuerzo muy grande debo decir.

Lucio seguía dándome detalles de la experiencia que estaban programando y mi cabeza luchaba por comprender.

Dejarían atrás todo cuanto poseen. Dejan trabajos, como ya dije, entregan el piso donde residen, venden muebles, coche, moto, en fin, se despojan de todo los que les da soporte para emprender un viaje medianamente concertado pero que tiene grandes cantidades de huecos libres. Huecos libres que se dejan para lo que surja.

Me explican también que el viaje es muy costoso si se hiciese en condiciones turísticas normales (hoteles, restaurantes, excursiones, etc, etc…) pero que ellos lo harán en plan semi mochileros. Con muy pocos petates para transportar y valiéndose  del couchsurfing. ¿lo queeeeee?. Perdón. ¿Nunca escucharon hablar del couchsurfing? Es un sistema internacional ya convertido en red por el cual básicamente se ofrece el sofá a un viajero desconocido a fin de que pase la o las noches que pacten. Quien dice sofá dice cama, colchón en el suelo o lo que sea. Existen también sitios donde se puede “pagar” el alojamiento y la comida mediante unas horas de trabajo. Esto se da más en granjas o establecimientos rurales donde uno puede ocuparse de darle de comer a los animales o recoger frutos por unas horas y con ello “ganarse alimento y cobijo” para ese día.

Esto, obviamente, ya esta todo organizadito. Existen muchas organizaciones y páginas web en el tema.

A esta altura mi mente totalmente al borde de la crisis entraba en conflicto con sí misma.

El  “Estos dos están totalmente locos, dejar todo e irse. Con el nene chiquito. Sin saber a donde van a parar. Durmiendo en cualquier lado. Comiendo vaya a saber uno que cosas” fue dejando paso al  “Joder, eso tiene que estar bueno. Dejar todo atrás e irse, sin ataduras, sin fechas estrictas. Saber que si pinta quedarse en algún sitio por mas tiempo lo puedes hacer. Que si se cuadra desviarte del planing original no pasa nada. Que si te sale trabajo en algún lugar del mundo que te agrade te quedas”.

Al primer sentimiento de horror le sucedió el de la envidia, sana, pero envidia igual. Luego sobrevino el de veneración: hay que tener cojones para semejante movida y eso es digno de loa y alabanza.

Más me seguían contando y más me entusiasmaba con la idea, al punto de imaginármelos recorriendo mundo. Soy muy afecto a ver programas y documentales de viajes y en cierta forma los veo en las situaciones que plantean los protagonistas de esos programas.

Como suele pasar cuando te lastimas una parte del cuerpo y en los días siguiente no haces más que golpearte la parte lastimada una y mil veces. O como cuando te compras un coche cuyo modelo  nunca antes habías visto y a partir de ahí los ves hasta en la sopa, comencé a ver que el  concepto  del año sabático se volvía recurrente. Resulta que leo bastante cantidad de blogs y muchos de ellos parten de la idea de tomarse un tiempo sabático y recorrer mundo, simplemente  con un pasaje de ida. Gente que deja todo, igual que Rocío y Lucio, y se van. Comencé a ver avisos en el metro cuyo reclamo publicitario  es el del año sabático. Comencé a escuchar casos similares de amigos o primos de amigos y sus primos. Y esto me hizo pensar.  Sí sí, lo lamento. He pensado.

¿Qué fuerza poderosa nos atrae a hacer estas cosas? Cómo nos hemos alejado tanto de lo natural para llegar a sentirnos tan agobiados con nuestros trabajos, nuestras casas, nuestras posesiones y el día menos pensado decidir despojarnos de todo lo que nos ata, nos retiene como una pesada ancla y no nos permite desplazarnos libremente? Porque dejamos que todo este entramado de redes, bancos, obligaciones, deudas y presiones nos lleven a tomar determinaciones tan drásticas como la de Rocío, Lucio y Pedrito y la de tantísimos otros más. ¿Que nos impide ser libres en nuestro día a día y no tener que llegar a esta saturación?. Porque esto no es solo el resultado de poseer un espíritu aventurero. Esto es sinónimo de estar harto, disconforme con los resultados obtenidos. No se el caso de cada uno en particular pero se me ocurre que esto no se decide sin un motivo de base. Uno gordo.

Algo estamos haciendo mal para que llegue el momento en que todos nos planteemos decir basta, poner un punto final, dejar todo atrás y emprender un viaje  hacia lo desconocido. Suena muy de ciencia ficción pero es la idea que me asalta. Es mejor ir a la aventura y que esta se vaya develando a nuestro paso a quedarnos con la situación que nos asfixia. Esto, mas allá de lo romántico y aventurero me parece muy fuerte. Ojo no digo que no esté bien hacerlo. Todo lo contrario. Yo mismo soy partidario de las salidas a ciegas y dejar todo librado al azar y al destino. Soy de los que comienzo mis viajes sin tener un destino claro o si lo tengo, no saber mucho de lo que me voy a encontrar al llegar y no contrato excursiones ni visitas guiadas. Voy por libre. Y esto del año sabático viajando me parece una idea de lo mas fantástica, arriesgada, pero fantástica ( el riesgo de lo desconocido es lo que la hace fantástico). Pero me llama la atención que tanta gente tenga la necesidad de dejarlo todo y salir a la aventura. Creo que algo está pasando y es muy heavy. Insisto, no conozco los motivos de nadie.

En la vida hay cosas mas importantes que otras. Eso está claro. Lo que no todos tienen  muy claro aparentemente qué es lo más importante. Y en realidad cada uno de nosotros, individuos, parejas, unidades familiares, debemos definir qué es lo más importante para cada uno de nosotros, para nuestra pareja o para nuestra unidad familiar.

Mis amigos han entrado a formar parte de un importante club. No es que sea muy selecto. De hecho esta abierto a quién quiera entrar. No hay cuota de ingreso ni te debe presentar otro socio. Solo hay que decidirse por entrar o por quedarse fuera. Tan simple como eso.  El club es el de los que creen… no, no… de los que están seguros que el “ser”, el verbo,  es mucho mas importante que el “tener”. Y que uno “es” cuando, entre otras cosas, hace lo que le gusta. Desarrollar el “ser” implica despojarse de ataduras y de grandes pesos que lastran nuestro andar consumiendo una energía que debemos utilizar para lo otro, lo importante.

Como dice Lucio: El éxito y los logros, según el marco impuesto por esta sociedad y en los tiempos actuales están más relacionados con el “tener” que con el “ser”, y el tiempo que ocupamos casi obligatoriamente en conseguir el “tener” nos quita la posibilidad de desarrollar el “ser” y nos aleja de otros “seres”. Por aquí pasan sus motivos.

Dejando de lado el análisis técnico de la situación global vuelvo al viaje de Rocío, Pedrito y Lucio a los cuales seguiremos a travez del blog que están empezando a armar para plasmar todo el viaje. Desde aquí iremos brindando información.

Decirles que realmente los envidio con todo mi corazón, que estaré a su lado en cada minuto del viaje, y por supuesto que estaré aquí para recibirlos cuando regresen con los brazos abiertos para darles el más gigante de los abrazos y dispuesto a que se me borre la raya del culo escuchando sus vivencias mientras compartimos un Malbec, o los que se necesiten.

Buenos vientos.

 PD  hay un libro de un genial blogger llamado Chris Guillebeau: “El arte de no conformarse”.  Este libro puede ser de mucha utilidad si comulgas con la idea de dejar de pertenecer al rebaño y hacer lo que verdaderamente quieres hacer.

Puedes comprarlo en Amazon directamente o utilizar este enlace que te llevará al mismo sitio pero que, si lo compras, yo ganaré una pequeña comisión sin que ello repercuta en el precio final.

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Pensamientos Sueltos

A pesar de todo, la arena esta limpia.


Creo que ya lo he manifestado antes. Yo sostengo que las crisis, cualquiera estas sean, vuelven a la gente rebelde. Como que si me recortan en salud o educación, me pongo rebelde. Si me quitan las pagas extras, me pongo rebelde. Si se descubren casos de corrupción en el gobierno, me pongo rebelde.

¿Y como se manifiesta esa rebeldía?. Pues de diversas maneras.

Tomare como referencia los diez años que llevo viviendo en España. En este lapso vi multiplicarse los grafitis. No los “artísticos”, los malos, los gamberros. Los de pintar por que si. Los de arruinar el bien común o la propiedad privada que más da. Lo importante es expresarse.

Otra forma de rebeldía se ve en la intolerancia de la gente. Ya nadie se aguanta nada. Gente contra gente discutiendo por nada. Porque no se tolera más nada. Dias atrás un señor mayor protestando y encarándose con las personas porque había mucha gente bajando una escalera de un solo paso y el demoraba mucho en poder subir. Un señor mayor, con todo el tiempo del mundo.

Pero el peor acto de rebeldía se ve en la calle. Los peatones ya no cruzan por la senda peatonal o paso de cebra. Lo hacen por cualquier lado y ojito con decirle algo. El insulto mas bajo ponen a tu madre a la altura del mismísimo Lucifer. Demás esta decir que tampoco respetan los semáforos los cuales ni siquiera los respetan los automovilistas. De los taxistas ni hablemos. He visto agarrarse a trompadas a dos taxistas por no respetarse los clientes. En fin estas y mil cosas más muestran lo intolerables  e irrespetuosos que nos hemos vuelto. Y me llaman la atención porque  son las cosas que me enamoraron hace diez años atrás cuando llegue. El respeto que la gente tenía por todo.

Eso sí, a pesar de la crisis, la arena esta limpia. Por lo menos en mi playa.

 

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Arena de playa frente al Mediterráneo.