Pensamientos Sueltos

Reconvirtiendo-se


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Que difícil resulta, después de un tiempo, ponerse a escribir.

El otro día leía a Marina Bianco que decía que se había quedado  precisamente en blanco y no le salía nada. Y que por eso prefería mostrar en fotos lo que estaba haciendo, que le resultaba más gráfico. Y la verdad es que la entiendo. A mi me pasó lo mismo. Me volqué más al Instagram que al blog. Supongo que son etapas.

Por otra parte, me resultaba complicado volcar en palabras una situación que no me resultaba agradable. ¿Entonces para qué escribir sobre ella?. ¿Es lógico no?.

A día de hoy la situación no es que haya cambiado mucho. De hecho está allí. Impávida, indemne, inamovible. ¿Será entonces que me he hecho amigo de ella? ¿Será que de tanto verla me he acostumbrado a que esté ahí?. ¿Habré aprendido a tenerla a mi lado y que forme parte de mi vida?.

Muchos son los interrogantes y ninguna la respuesta. Pero lo concreto  es que eso está ahí y no hay más.

La situación en sí no es muy distinta a la de muchos. Uno intenta hacer cosas, emprende, realiza un proyecto. Luego las cosas se tuercen y es muy difícil saber cuándo decir basta.

Te aferras al proyecto y aunque lo ves sucumbir ante las enormes fuerzas de la contrariedad supones que vas a salir adelante. Y alguno lo habrá logrado, no digo que no, pero la gran mayoría hemos muerto en el intento. Hay una cantidad infinita de literatura sobre: “cómo hacer resurgir su negocio en solo 5 pasos”. O “recupere su capital y sus clientes con estos consejos. Yo lo hice y mi negocio no para de crecer”.

Mmmmm permítanme dudarlo. No digo que no, solo déjenme dudar.

Pero este no es mi caso y lo que era en principio un maravilloso proyecto empresarial, con su plan de negocios y sus curva de amortizaciones y su índice de crecimiento proyectado a corto, mediano y largo plazo resulta que termino siendo un estrepitoso fracaso del cual solo quedó una deuda de considerables dimensiones,teniendo en cuenta la  envergadura del proyecto. Es decir no solo quedaron deudas propias del emprendimiento sino que también se generaron más  deudas al no poder asumir los compromisos adquiridos cuando teníamos la esperanza de que todo funcionaría de maravillas.

Obviamente esto repercute directísimamente  en lo anímico. Pasas muchas horas pensando cómo saldrás de esta y cuales son los pasos a seguir. La deuda esta, las facturas siguen llegando y no estas generando nada para minimizar la situación. Caos inminente.

Los acreedores llaman. Una y otra vez. Le explicas la situación. A ellos les importa un comino tu situación. Quieren cobrar. Y es lógico. Tu quieres pagar, es lo que corresponde. Pero no puedes. ¿Entonces?. Siguen llamando. Le vuelves a explicar. Les importa otro i más. Ellos quieren cobrar. Yo lo entiendo. Pero no puedo pagar. Déjenme que consiga un trabajo y afronto los compromisos como un campeón. Pero hoy no puedo. Bueno pero dígame una fecha. Le estoy diciendo que no puedo. Bueno le parece que lo llamemos la semana que viene. Y… tu llámame cuando quieras pero no creo que de aquí a siete días la cosa vaya a cambiar mucho eh. Bueno yo apunto que lo llamen la semana que viene. Vale como quieras. Al otro día… más de lo mismo vuelta a llamar y vuelta a explicar. Y así día tras día. Hasta que un día dices basta. No los atiendo más. Y el teléfono suena y suena día tras día. A la semana un carta: “dada la falta de interés en encontrar una solución amistosa pasaremos el caso a nuestros abogados”.

Eso te va cargando y cargando y la cabeza a mil vueltas por segundo y entras en un circulo y sabes que  no tiene salida.

En estas circunstancias es difícil encontrar un tema motivador y lleno de positivismo sobre el cual exponer o comentar.

Pero bueno. La cosa está ahí. Y de nada sirve patalear, llorar ni embroncarse. Esto lo se ahora. Un año después. Y entonces me entraron ganas de volver a escribir.

No es que tenga un tema. Pero quiero escribir otra vez. Y entonces hice lo que hago casi siempre. Salir a caminar y cada tanto girarme hacia atrás y ver el camino recorrido. Y mirar hacia adelante y ver el camino que aún me falta. Mirar un poquito más cerca para ver si el camino es el correcto. Porque si no es el camino correcto entonces tendré que elegir otro mejor.

Resulta ser que vi que en realidad no había escogido ningún camino y que estaba caminando en círculos. Y claro. Eso no conduce a nada. Te desgastas pero no vas a ningún sitio.

Entonces solo queda una cosa para hacer: repensar, buscar otro horizonte e identificar el camino adecuado. Muchas veces esto implica un drástico cambio. Hay que reciclarse, regenerarse, reinventarse y todos los re que se te ocurran. Y eso es lo que hice, reconvertirme. O por lo menos en proceso de… estoy.

Pero cuidado. Reconvertirse no es así de fácil como suena. Uno no se levanta una mañana y  dice mientras se despereza: bueno, hoy me voy a reconvertir. No no,  no es así. Además está el tema de saber en que uno se puede reconvertir. Tampoco uno puede levantarse una mañana, ir al lavabo y luego sentarse en la mesa de la cocina frente a su taza de café con leche y ojear el catálogo de reconversiones y elegir la que más te gusta.

La realidad es mucho más compleja. Lleva implícito cierto riesgo también. Uno se puede reciclar. No hay problema. Pero y si también fallo en el reciclaje y el producto reciclado tampoco es el esperado. ¿Que hago?.   Cuando uno llega a esta situación es porque agotó todas las opciones que se tenían a la mano. Y muchas veces también todos los recursos. Y me refiero a los económicos. Y claro. Reciclarse con dinero es fácil. Pero ante la ausencia de él…

Entonces los miedos aparecen. Están allí. Delante tuyo. Te miran fijamente a los ojos. Te paralizan… o te empujan.

Recordad que las facturas siguen acumulándose y la deuda crece, eso que les dió  a  todos por cobrar de más. Intereses le llaman. No se porque se llaman intereses si no le interesan a nadie. Bueno si, a los acreedores si le interesan. Pero bueno, todo sigue ahí, sobre tu cabeza. Dentro de tu cabeza. Y taladra y taladra y taladra.

Pero tienes  que tomar una decisión. Y hay que pensar mucho. Y una vez tomada hay que mantenerse firme. Y hay que empezar a enamorarse de esa decisión. Hay que empezar a amar ese nuevo proyecto. Hay que ponerle corazón, garra, fuerza y llevarlo adelante con toda la sangre en movimiento. Porque este proyecto es la balsa salvavidas que nos mantendrá a flote. Fijaros que no digo que nos salvará la vida. Solo es una balsa que no permitirá que nos sigamos hundiendo. Solo eso. Pero en realidad es lo único que nos queda. No hay más nada. Solo este nuevo proyecto que requiere que nos reconvirtamos.

Y es en este momento en el que entran a jugar otros elementos. Ya teníamos los miedos. Y esos siguen ahí. Y  además quizá hasta se sume alguno más. Que si, que si. Que se suman. Pero no importa. Nosotros estamos enamorados de nuestro proyecto y contra el amor no hay nada. Pero hay muchas cosas en juego y muchas son las variables intervinientes. También está el tema tiempo. No tenemos tiempo, no nos sobra tiempo. Cada minuto que pasa, la pesada bola de nieve crece y crece. O sea: no puedo fallar. Y aparece también el orgullo. Si el maldito orgullo. Ese orgullo que nos cerró infinitas puertas. Ese orgullo que nos llevó a no elegir el mejor de los caminos. Quizá sea el orgullo el que nos llevó a esta situación. Y junto con el orgullo aparecen los prejuicios. Y para uno que es muy prejuicioso esto es devastador.

Y entonces comienza un guerra interna sin cuartel entre lo que quieres y lo que debes, entre lo que eras y lo que serás. Y el resultado de tu reinvención depende de quien gane esa batalla. Si gana el quien era, te quedarás dando vueltas en círculos eternamente. Nada cambiará a tu alrededor y tampoco irás a ningún sitio. Todo seguirá igual y se te vendrá encima.

Si gana lo que seré, habrá triunfado el enamoramiento por tu proyecto, tus gana de salir adelante, tu responsabilidad habrá pesado más que el resto de las variables y tu orgullo será del bueno. Del que sirve. Del que te hace grande. Será el tipo de orgullo del que presuma tu entorno.

Lo dije mil veces: la vida es un cadena de decisiones. Solo hay que arriesgarse y tomar la decisión que nos lleve a donde queremos ir. ¿Lo demás? Lo demás son anécdotas.

Lo importante es que nos reconvirtamos en lo que queremos ser para ir a donde queremos ir. Elegir el camino adecuado.

Yo… en eso estoy. 

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1 thought on “Reconvirtiendo-se”

  1. Me encantó que vuelvas a la escritura, me emocionó como cuentas tus caídas y golpes… Pero sobre todo me ilusionó ver cómo esa fuerza en tu interior sigue intacta! Eso es lo me dejó este post… Hay mil maneras, mil caminos, mil consejos… Pero sólo uno es el correcto… Éste es el camino en el que estás…

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