Comienza el año.


Si si, como lo escucha ( o lee). Comenzó Septiembre y en esta parte del mundo comienza el año.

No,  el 2016 no. Me refiero al año laboral no al año calendario. En Agosto se terminan las vacaciones de la mayoría y en Septiembre comienzan también los niños las clases. En Septiembre se vuelve a la rutina. A que todo esté abierto en su horario habitual, a los atascos en las horas pico, a los horarios y las carreras. A las clases extra escolares y a los entrenos del fútbol, basquet o lo que practiquen los niños.

Esto es así. En Septiembre. Cuando faltan 4 meses para que termine el año. El de verdad. El del calendario. Aunque aquí, en el hemisferio de arriba eso solo sea un cambio de fecha.

Todo comienza en Septiembre. Hasta las series y programas de televisión comienzan en Septiembre. No solo el otoño. Cada uno regresa a lo de siempre.

Y esto es raro para los que nacimos y vivimos gran parte de nuestra vida en el hemisferio sur, donde todo termina en correlación y concordancia con el año del almanaque.

Pero hay algo que se  da igual vivas donde vivas. A riesgo de sonar cursi lo soltaré igual: es la ESPERANZA.

Y esto viene dado por la necesidad de ver cambios. Las estructuras son las estructuras. Contra eso no hay discusión. El tema es que las estructuras y las estructuraciones (que también las hay) no son del todo manejables y entonces hay que esperar. Sus tiempos no son los míos. De ahí que existe todo un lapso de tiempo en el cual nos sentamos a esperar que cuando llegue tal día la cosa cambie. Ahora no porque es verano y, o bien no hay nadie en la calle o bien el que está no te atiende. En la administración no hay personal, en las empresas tampoco, los comercios cerrados por vacaciones y la gente también de vacaciones.

Pero en Septiembre… en Septiembre la cosa cambia. Todo este tiempo de espera nos fue cargando de esperanzas. En septiembre comienza todo de nuevo y entonces sí. Ahora sí. Todo lo bueno que tenía que pasar pasará a partir de Septiembre. Los restaurantes se volverán a llenar de gente, los comercios de clientes, llegan los ascensos, los proyectos, etc, etc, etc.

Y en realidad… en Septiembre nada cambia. Septiembre es un mes más. Como cualquier otro. Septiembre no es mágico. Es otro mes y nada más. Somos nosotros los que cambiamos. Del sopor del verano pasamos al fervor del otoño. A ponernos al día con lo que se nos acumuló en agosto. A iniciar la nueva campaña, la nueva temporada o lanzar la nueva línea o el nuevo plan de acción.

Deberíamos plantearnos que nada es mágico. Estamos medio grandecitos ya.

Debemos entender de una vez por todas que los cambios vienen de dentro. Lo que no cambie yo, septiembre no me lo va a cambiar. Si yo no propicio mis modificaciones volveré a pasar todo un año esperando y regresaré al mismo punto de partida, con mucha más frustración, lo cual me hará caer en un profundo espiral del cual difícilmente pueda salir a lo largo de toda mi vida.

Por eso estoy convencido de que cada mes tiene que ser mi septiembre. Cada día tendrá que ser 1º de septiembre. Cada día tiene que servir para plantear un reto nuevo, una campaña nueva, un objetivo nuevo. Por supuesto no hablo de negocios, aunque también se ajusta. Hablo de la vida. De mi vida. De mi presente. De mi esperanza.

No se puede depositar las esperanzas de una vida entera en un mes del calendario.

Carlos Bowen saiz

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