Punto de cuelgue


Déjeme… Que insista.

No, no soy Matias Prats ni trabajo en linea directa. Le digo que voy a insistir pero en un tema que se volverá recurrente a medida que se acerque el viaje de Lucio y Rocio.

Es muy difícil hablar sobre algo de lo cual no se es protagonista pero a mi me resulta casi imposible no intentar ponerme en sus cabezas. Como eso no es posible lo que hago es ponerme de protagonista virtual de las vivencias de otro. Y claro está, no hago otra cosa que ponerme en su situación y pensar que me pasaría por la cabeza en este momento puntual del proyecto. Dar la vuelta al mundo no es poca cosa. Hacerlo con un niño de casi tres años mucho menos.

En aviación existe un termino técnico que define una situación en particular.

En el momento del despegue todo avión depende de la fuerza de sus motores y su empuje. Las potentes unidades motrices empujan al avión ganando velocidad hasta lograr la necesaria sustentación. Un ligero toque de timón hacia atrás y el avión comienza a subir. La cuestión es que a pesar de ya no tocar con las ruedas el suelo, el avión no esta volando en realidad. Sigue dependiendo de los motores. Si el piloto dejara de acelerar los motores, el avión se vendría a  abajo como una bolsa de papas. Y lo que ocurre es que el bichejo no a alcanzado aún el “punto de cuelgue”. Es decir el punto donde el avión ya vuela por la velocidad que trae acumulada. Si un avión volando a velocidad de crucero y a una altura considerable, de repente apaga sus motores seguiría volando por un tiempo que seguramente le daría al piloto un margen de maniobra y quizá aterrizar el avión aun sin motores.

Pero el tema era el punto de cuelgue.

Antes de alcanzar este punto no hay vuelta atrás. Cualquier cosa que surja en el avión el piloto esta obligado a seguir acelerando hasta sobrepasar el punto de cuelgue y poder hacer algo, lo que sea, pero no antes, tiene que seguir. Desde que comienza a carretear y hasta antes del punto de cuelgue no hay vuelta atrás. Puestos en movimiento ya no se puede parar.

Y esto es lo que se me ocurre que estarán viviendo mis amigos Rocio y Lucio. A estas alturas no tienen vuelta atrás. Solo queda seguir carreteando y ganar velocidad. El fin de la pista no esta muy lejos y están obligados a seguir tirando con fuerzas.

Esto es un viaje y no me refiero al desplazamiento que llevaran a cabo desde un punto físico a otro,- atravesando países. Me refiero al viaje personal. Al viaje individual de cada uno de ellos. Al viaje como familia. A la búsqueda del yo en un viaje hacia el interior. Ese viaje que hace que dejen atrás su zona de confort y salgan a un mundo desconocido y extraño que solo puede traer aparejado beneficios. Beneficios del tipo espiritual, de aprendizaje. Conocer otras culturas hace que uno se plantee cosas. Da la oportunidad de poder comparar. De poder elegir. De definir estilos de vida. De redescubrir que es lo que uno realmente quiere.

Me es imposible abstenerme de ponerme en su situación. Ver que la fecha de partida se acerca a velocidades de vértigo. La casa desmantelada, con casi todo vendido. Comiendo sobre una mesa improvisada. Los cuadros descolgados de la pared.  Con casi todo lo guardable ya ubicado en un trastero de alquiler a la espera de la vuelta. Las despedidas ya comenzaron hace rato. Poca cosas que finiquitar aun. El cable ya esta dado de baja, el teléfono también. Las mochilas casi listas. El sueño que se acerca a la  realidad. La impaciencia. Los miedos. La incertidumbre. La expectativa. La ilusión. Cerrar cuatro cosas que quedan pendientes del viaje. Todo cae como ficha de tetris. Y la definición más exacta de la decisión tomada, la del cambio de filosofía de vida: lo que se llegue se llega y lo que no…

Cada “cosa menos” es un atadura que cae y se es un poco más libre.

En la misma situación de Rocio, Pedro y Lucio hay muchas personas al rededor del mundo. Buscan cada cual lo suyo. Como Marina Bianco que desde argentina también  emprenderá  su viaje alrededor del mundo y el personal a principios del 2016.

Esto es no ser oveja. Esto es tener el comando de tu vida, de tus sueños e ilusiones. Esto es querer hacer lo que quiero y no lo que dicen que tengo que hacer. Con sus riesgos, con sus dudas, con su incertidumbre. Pero allá van. Ya sin vuelta atrás. Aun no han alcanzado el punto de cuelgue y no pueden parar. Hay que seguir carreteando y ganando velocidad.

Gracias por leerme.

Carlos Bowen Saiz

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3 comentarios en “Punto de cuelgue

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