Un lomito por favor


Hace calor. Mucho calor. Treinta grados para este junio en Barcelona es mucho calor.Salgo a la calle porque no hay más remedio. Si pudiera elegir ni lo pienso. La boca del metro engulle gente sin piedad y te recibe con ese aliento caliente que te tira mas hacia abajo, si cabe.

Los dos minutos que demora en venir el siguiente metro se hacen horas. Por fin llega.


El aire acondicionado es una caricia. En cada estación sube gente con la misma cara de agobio. El viaje termina. No se por que hoy son mas cortos los viajes. No me quiero bajar. Pero hay que salir a la calle.

Barcelona está desierta. O por lo menos la parte de la ciudad en la que me estoy moviendo. La zona de Maragall está desierta. Supongo que la Barcelona turística estará a reventar. Pero aquí ni un alma. Con los pocos que me cruzo es lo mismo. Una fugaz mirada y en esa mirada la misma expresión. Me muero de calor. ¡Ay! si pudiera me quedaba en casa. Con el mismo calor pero sin ropa. Esta ropa de mierda que se me pega al cuerpo. Con lo bien que se estaría en la playa.

Voy a comer. Por lo menos el aire acondicionado del restaurante me dará una tregua. Entro y el golpe de frío me da vida. Se acerca la camarera para ver que quiero comer. La verdad es que nada. Solo quería el fresco del aire acondicionado. Pero tengo que comer. Primero una cerveza. Bien fría. Tan fría que no sabes qué estás tomando. Pero no importa. Quiero una cerveza fría. Miro la carta por compromiso. No quiero nada. Pero tengo que comer. De pronto algo en la carta llama mi atención. Nada especial. Pero llama mi atención. Leo bien y un sentido toma el control de mi cabeza. El sentido de la nostalgia. ¿ Ah, que no existe? ¿Están seguros? Pues a mí me parece que sí. Fue leer en la carta “Lomito Completo” y trasladarme a otra época. Una muy lejana. Tres décadas y media mínimo. Adolescencia. Primeras salidas nocturnas por la ciudad natal con los chicos. Los amigos. La banda. Los entrañables. Mil lugares para ir a comer pero siempre es el mismo lugar. Y siempre será el mismo lugar. Para mí el único. Discusiones, cargadas, peleas, fraternidad, eso está en mi mente y todo en ese lugar. Solo veo eso, solo huelo eso, solo vivo eso. Como si mi viva realidad fuera esa y no la actual. Las primeras jarras inmensas de cerveza que tomábamos y los platos gigantes de maní con cascara que el camarero sacaba muy hábilmente de un barril inmenso Y después? Después un lomito. Ese lomito que mil veces quisimos hacer en casa pero jamás nos pudo salir igual. No se. ¿Sería la grasa acumulada en la plancha? También recuerdo que si no era un lomito bien podía ser un pancho. Con la mostaza más inigualable nunca encontrada en otro sitio.

Estoy viviendo esos recuerdos y tengo presentes los olores y los sabores que nunca volví a encontrar. Otro olor que me viene a la mente es el de la pizza sobre un trozo de papel a modo de servilleta. No una servilleta de tisú, no. Un pedazo de papel de envolver cortado en trozos cuadrados y acomodados dentro de un vaso sobre la mesa de la pizzería.

Mi mente navega por un océano de recuerdos. Recuerdos que inundan mi ser de sonidos, olores y gustos. También personas y personajes. Había a un mozo. Un señor mayor, a nuestros ojos. Muy cascarrabias. A quien quizá nuestra irrespetuosa e imberbe juventud le molestaba o quizá le doliese. Era todo protesta, toda queja. Venia a por el pedido y se iba mascullando algo, como rumiando desgracia. Obviamente se convertía en el centro de nuestra rotura de bolas. Pedirle mil cosas pero por separado para escucharlo refunfuñar una y mil veces. Reclamarle cien veces lo que se había olvidado. En fin. Pendejadas.

Las noches veraniegas nos encontraban buscando un respiro en las mesas de la vereda sobre un piso tapizado de cascaras de maní hablando de mil boludeces. Arreglando el mundo o dirigiendo a la selección. Para la política no nos daba. Estudiábamos en el industrial. Eramos más de fierros, tuerca, cables y esas cosas.

En eso estaba cuando se acerco la camarera y me dijo: ¿ya sabe el señor que va a comer?

La miré y le dije: “un lomito”. Que otra cosa iba a comer.

Carlos Bowen Saiz

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s